por Kildan » Jue, 06 Oct 2016, 00:08
Bemel, el mandaloriano más inestable de los presentes, no pudo continuar resistiéndose y rompió a reír ante la mirada de los presentes. La situación no era para tomársela con humor, pero algo en todo aquello había hecho que el mandaloriano estallase en carcajadas.
-¡Oh, vamos! El Jetti está tan acostumbrado que los cabezahuecas de la república sigan todas sus indicaciones sin rechistar, que le ha sentado como una patada en sus partes, que dos mujeres le hayan dejado fuera de su pequeña reunión privada. Bienvenido al mundo real, Jetti. Dime ¿Vas a ponerte en una esquina y quedarte sin respirar hasta que vuelvan y te den un caramelo? Anda, vuelve a jugar con el resto de los niños, prometemos ser buenos y causar mucha destrucción...
Extendiendo los brazos, invitó a Nithan a que volviese con ellos y le abrazase. No había nada que se tomase en serio, ni situación que le amedrentase. Simplemente su nivel de locura era tal, que percibía el mundo de una forma totalmente diferente a los presentes.
-¡Ya basta! -Ordenó Kilan con voz autoritaria. -El zabrak que había permanecido todo el tiempo en silencio contemplando el planeta a través de una de las ventanas, había decidido intervenir y tomar las riendas de la situación. -No importan los motivos del Jetti, pero en esencia tiene razón. Bajar ahí abajo es una locura y una completa estupidez.
Kilan jamás había sido un líder, pero el tiempo alejado de los suyos, el tiempo obligado a sobrevivir y adaptarse para no caer, le había transformado. Se había visto obligado a tomar decisiones importantes que sin duda, le había llevado hasta ese preciso instante.
-Ahí abajo solo encontraremos lluvia ácida, trampas, droides de combate y bestias que si nos hieren, nos arrojarán a un destino sin honor...y todo eso ¿Para qué? ¿Realmente deseamos dar nuestras vidas por esos tres líderes? Si todos y cada uno de los presentes estamos aquí, es debido a sus maquinaciones. Nos han usado y manipulado como han querido y nos han arrastrado hasta este preciso instante. Si descendemos, no todos volveremos con vida a la nave, he calculado todas las posibilidades y existe un alto porcentaje de que más de la mitad muramos ahí abajo.
El zabrak se vuelve para encararse a los presentes mostrando en sus ojos su fría y poderosa determinación.
-Si esos tres sobreviven, lograrán restaurar su maldita organización. Puede que tarden meses, años o décadas, pero lo harán. En ese momento, volverán a tener el poder necesario para controlar la galaxia como les plazca. Yo estoy cansado de que otros decidan mi destino por mi, por lo que no arriesgaré mi vida por salvar las suyas. Sin ellos, la organización quedará desmantelada, seguramente se formen grupos que se especialicen en algún tipo de actividad, pero jamás volverán a tener el poder de manipular las circunstancias que la organización tenía.
-Tyria tiene un pasado con Hasslam Tar, así que su plan será bajar ahí abajo, salvar a esos tres inútiles y después, tras unas breves palabras con Hasslam Tar, inmolarse con él. Tal vez no sea lo que tenga en mente, pero llegado el momento, es sin duda lo que hará. En esta ocasión, yo asumo el mando.
Su aptitud dejaba bien presente que no iba aceptar un no por respuesta. Tenía muy claro que la organización secreta debía de desaparecer y no iba a permitir que ninguno de esos tres líderes sobreviviese.
-Nuestras naves carecen de la potencia de fuego necesaria para reducir ese templo y las naves que hay ahí abajo a polvo, pero la Mole no tendrá problemas en ello. Si el bombardeo no los destruye a todos, el tiempo lo hará. Sin naves con las que escapar, ese templo Sith se convertirá en sus tumbas. Una vez destruido, nosotros partiremos para combatir junto a nuestro clan.
Kilan posó su mirada sobre Ibram, quién pudo ver que el Zabrak no cambiaría de opinión. Estaba seguro de que si no cedía a sus peticiones, el asunto se resolvería por la fuerza.
-Nuestras naves carecen de la potencia de fuego necesaria para arrasar el templo. Tu nave en cambio puede hacerlo sin problemas. Así que da la orden y destruye el templo Sith. Con vuestro equipamiento, habilidades y la Mole, podréis lleva la vida que más os plazca.
Ibram no sabía realmente nada de una organización secreta, pero no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que el líder del sol negro era uno de los dirigentes de esa organización. Si desapareciese, los vigos entrarían en una sangrienta batalla entre ellos para obtener la ansiada corona. Aquello les dejaba muchísimas posibilidades, desde posicionarse él mismo como Vigo, líder del sol negro o por el contrario, convertirse en su peor pesadilla y diezmarlos en su peor momento.
El resto de su equipo también había llegado a esa conclusión. Juntos disponían de grandes fondos que podían invertir en adquirir una mayor tripulación, nuevas naves o realizar prácticamente cualquier cosa que deseasen. Ante ellos se les presentaba la oportunidad de ser libres y el poder suficiente como para cumplir cualquier sueño. Por otro lado, su empleador les pagaba generosamente, aunque sin duda los problemas en los que se metían eran monumentales. Seguir trabajando para él podía enriquecerlos aún más, pero también acortaba sus esperanzas de vida.
Nithan Nass, caballero de la orden Jedi sentía la fuerza a través de su comunión con el sable de luz. Cuando lo portaba, era como una extensión de sí mismo. Se convertía en un arma mortal, prácticamente invencible. Xiana jamás había poseído una capacidad así, de hecho su habilidad combativa siempre fue más bien mediocre. Pero la joven había aprendido a dejarse guiar por la fuerza y hasta que aquel preciso instante no llegó, Nithan no fue realmente consciente de las acciones de Xiana. La sorpresa que la joven había mostrado al encontrarse con Ibram, así como su decisión de dejar atrás a Nithan tal vez podía deberse a lo que estaba apunto de suceder.
Ibram debía de tomar una decisión vital y para nada agradable. Si aceptaba la petición de Kilan, el templo sería bombardeado y varias vidas se perderían. Si se negaba, era muy probable que los mandalorianos tratasen de hacerse con la nave por la fuerza, lo que acabaría un baño de sangre.
No somos sirvientes del destino, sino los creadores del futuro