Los cadáveres andantes siguieron sus pasos por la linde del camino en cuanto se pusieron en movimiento, sin embargo pronto quedaron atrás perdiéndose de vista, incapaces de mantener la velocidad de sus monturas aun sin que aceleraran demasiado el paso. El resto del día transcurrió sin mayores contratiempos, aunque tuvieron tiempo para echar de menos la agotadora monotonía de la calzada de piedra por la que se habían movido días atrás. Si bien avanzaban a buen ritmo por un camino despejado y libre de obstáculos, el finísimo polvo que se alzaba a su paso, el inaguantable calor y los esporádicas rachas de viento ardiente que acariciaba su piel empezaban a resultar difíciles de soportar.
Yaromir y Dhugar muy pronto descubrieron lo incomodo que resultaba portar armaduras metálicas en mitad del desierto, calentándose estas hasta el extremo de provocar leves quemaduras en cualquiera que las rozase, y poco menos que cociéndoles literalmente a causa de las altas temperaturas. Marcus e Inara ataviados de forma mas ligera tenían que lidiar con continuas rozaduras del cuero contra su piel cubierta de sudor y por ultimo Szyrell, a pesar de ser la mas liviana en equipo, lo compensaba con su especial sensibilidad a aquel clima y por momentos se la podía ver con la mirada perdida como si rememorara alguna situación mucho mas agradable que la actual.
El día terminó para alivio de todos y la noche se lleno de todo tipo de extraños sonidos, desde insectos chirriantes a lejanos aullidos de depredadores nocturnos. Ninguno tuvo demasiadas dificultades para dormir debido al cansancio acumulado en aquella jornada y las horas transcurrieron placidas sin que ninguna guardia alertase de peligro alguno.
A la mañana siguiente, mientras el grupo desentumecía los músculos del cuerpo y se preparaba para una nueva jornada agotadora, aun antes de equiparse por completo y con el frugal desayuno a medio tomar, los cinco giraron la cabeza al oír nitidamente unos pasos acercándose hasta ellos. A escasos 3 o 4 metros caminaba un hombre alto, vestido con ropas ligeras y de calidad aunque polvorientas y decoloradas por largas exposiciones al sol. Su rostro dejaba patente una piel curtida y muy bronceada, enmarcada en unos largos cabellos negros, así como un aplomo y una seguridad difíciles de pasar por alto. No portaba mas arma que una daga curva al cinto, de bella factura.
Sin embargo, lo realmente sorprendente de aquella situación era que ninguno hubiera descubierto la aproximación de ese hombre, pues no había en aquel paraje desolado nada mas que algunos arbustos secos y espinosos repartidos por la llanura y era literalmente imposible llegar hasta donde ellos estaban sin ser visible al menos a un kilómetro de distancia.
- Buenos días viajeros - dice deteniéndose ante ellos -
, seria un honor para mi compartir desayuno en una agradable mañana como esta.