[Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...

[Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Kildan » Lun, 05 Ago 2013, 01:29

Sumida en la oscuridad, su cuerpo flota sin fuerzas a medio camino entre la vida y la muerte. No hay dolor, ni tristeza, tampoco remordimientos. En realidad no hay absolutamente nada, más que recuerdos de un tiempo pasado y lejano. Recuerdos de otra vida cuando no era más que una joven mandaloriana dispuesta a triunfar...

Siete años atrás...


La nave de transporte de tropas se muestra casi aterradora. Con una capacidad para cincuenta soldados, el ser la única pasajera la hace sentir incomoda. Desde luego no es la primera vez que viaja en una nave similar. Pero hasta ahora todos sus viajes habían sido siempre, acompañada por casi cinco decenas de fieros soldados mandalorianos. Los viajes apenas la dejaban tiempo para descansar, pues los soldados, entre canciones, conversaciones y apuestas, apenas callaban lo suficiente para poder conciliar el sueño.

Pero el viaje de hoy es silencioso, al menos todo lo silenciosa que una nave de casi un siglo de antigüedad pueda ser y aún así, no logra conciliar el sueño. Tyria es una joven zeltron que aún no llega a comprender como ha sido elegida entre los más de trescientos candidatos. Aunque posee experiencia en combate, el haber rechazado las proposiciones de un superior, la costó permanecer todo un año estándar, en un planeta alejado de cualquier peligro. Durante todo ese tiempo pudo practicar y mejorar sus habilidades, pero eso de poco servía si no demostraba su valía en combate…combates de los cuales estaba muy alejada. Por ello cuando realizaron las pruebas y exámenes para acudir a la academia de Casius Dret, Tyria no dudó ni un instante en presentarse voluntaria. Por su falta de experiencia en combate en el último año, no tenía muchas esperanzas de ser elegida, pero si lograba una buena puntuación esperaba poder salir de aquel maldito planeta. Tenía la esperanza de que sus resultados llamasen la atención de alguna unidad y la invitasen a unirse a ellos. Quizás así pudiese entrar en combate, perfeccionar sus habilidades y ascender de rango. Pero la sorpresa fue descomunal cuando la informaron de que debía de recoger sus cosas y presentarse en el espacio puerto en menos de 12 horas estándar. Cuando preguntó cuál era su destino, no pudo menos que quedarse sin habla. Por algún motivo el propio Casius Dret la había elegido para convertirse en uno de sus pupilos. Una oportunidad que no estaba dispuesta a desaprovechar.

Si existe un adjetivo para describir a Casius Dret es sin duda alguna leyenda. Es considerado uno de los más fieros y diestros soldados que los mandalorianos jamás han poseído. El haber sido elegida para unirse a su academia y ser adiestrada bajo sus órdenes es la mayor oportunidad que jamás tendrá en su vida. Sabe que Dret es la personificación de la disciplina y la severidad, pero todos saben que los soldados adiestrados por Dret están considerados como la élite de la gran maquinaria bélica de los ejércitos mandalorianos. Pero también es conocido por todos, que los entrenamientos están diseñados para llevar tanto física como mentalmente a los soldados, hasta más allá de sus propios límites. Por ello no son pocos los que acaban muriendo. Aunque también es cierto, que algunos han desaparecidos para no volver jamás, pues al ser incapaces de superar el adiestramiento huyen para vivir en las sombras marcados con el estigma de los perdedores. Pero para Tyria aquellas dos posibilidades no existen, sabe que es la mejor y que aquel es su lugar, en realidad cuanto más cerca está de su destino, más siente que se acerca a lo que será su verdadero hogar.

La luna donde Casius Dret ha erigido su academia es lo más parecido al infierno. Por el día, la estrella que gobierna el sistema hace que las temperaturas sean muy altas. Las noches en cambio, son tan frías que las temperaturas bajan varios grados bajo cero. Las condiciones de vida son en el mejor de los casos, muy duras. Si a todo eso le añadimos los peligrosos depredadores que allí habitan, no es de extrañar que sean muy pocos los que logren sobrevivir al riguroso entrenamiento.

Por suerte para Tyria, cuando la nave aterriza en el campamento base, apenas está amaneciendo. Aun así, un escudo de energía protege toda la base de los cambios climáticos y mantiene a raya a las bestias. Las instalaciones parecen poseer el mejor equipo posible, pero apenas se ve a una veintena de soldados realizando ejercicios físicos.

Un mandaloriano joven y atractivo, de ojos azules y fríos como el hielo. Con una larga melena rubia recogida en una coleta, se acerca sonriendo cual depredador. Su armadura parece más pesada de lo que debería de ser y de una aleación que Tyria no llega a identificar. El soldado sobrepasa el metro ochenta y muestra una musculatura bien formada.

-Vaya vaya…así que eres la nueva presa que va a caer en nuestras fauces, estoy deseando saborearte...
–Una sonrisa depredadora ilumina el rostro del mandaloriano. -Bienvenida a la academia Ge´verd, soy Kal Delcos y donde pongo el ojo… -El soldado alza las manos fingiendo tener un rifle. -…mi presa cae. Muy bien belleza, supongo que serás algo más que un culo bonito, pero te advierto que aquí los tíos más duros acaban llorando como niñas antes de una semana. Si quieres un consejo y si tienes miedo de romperte una uña, será mejor que vuelvas a meterte en esa nave y vuelvas a tu casa. Que no te engañe el nombre de este sitio, este lugar no es una academia, este lugar es el infierno y nosotros somos sus demonios. Ahora dime culobonito, ¿Vas a largarte o quieres que te lleve ante el capitán Stainer?
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Tyria Zaine » Jue, 15 Ago 2013, 22:50

Haat, Ijaa, Haa'i… Haat, Ijaa, Haa'i...

Aquellas palabras flotaban en su subconsciente mientras la mente de Tyria se perdía en el abismo de recuerdos de un pasado, cargado de gloria y esperanzas rotas ¿Era esto lo que se sentía al morir? ¿Abandonarse hasta que tu mente quedara estancada en un momento de tu vida repleto de felicidad?...

No… Ella no se merecía un final feliz. Había sacrificado ka’rta y runi para, finalmente presenciar su propio trattok’o a manos de un hombre que, en el último momento, había confesado no tener nada que ver con el sacrificio de sus vode. El honor había cegado su visión y ocultado la verdad que se escondía tras aquel entresijo de intrigas.

“Muerte antes que deshonor”

Desde pequeña siempre había recitado aquel lema que se marcó a fuego en su mirshe y que insufló cada una de sus acciones… Ahora se sentía vacía, como si todo por lo que había luchado hubiera sido tan solo la sombra de una justicia que jamás llegó, y cuyas últimas esperanzas estaban depositadas en la misma persona que la había conducido al dulce abrazo de la muerte.

Hasslan… ¿Qué sentía por aquel hombre? Él había sido capaz de conseguir que la joven Zeltron se planteara el desear tener un futuro a su lado tras obtener justicia, para acto seguido llegar a odiarle con cada fibra de su ser… Pero aun en eso había fallado, puesto que, en lo más profundo de su alma, Tyria sabía que un sentimiento insondable había hecho mella en su corazón, desoyendo todos los obstáculos que había generado para impedirlo, y demoliendo la barrera de sus propias convicciones.

No solo había sido derrotada, sino que, durante su dar'manda había cometido el terrible error de enamorarse del mismísimo orquestador del triunvirato y, por mucho que quisiera negárselo a sí misma, no había vuelta atrás. La cazarrecompensas era consciente de que ese dar'jetii caminaba por la cuerda floja, perdido en sus deseos de venganza, y que, por mucho que él lo negara, estaba a punto de abrazar el lado oscuro y abandonarse en el placer destructivo de la demencia, si ella no le ayudaba... No obstante, en su estado, flotando a la deriva en aquel mar de abandono, no había nada que pudiera hacer por cambiar su destino. Por todo ello, la mandaloriana era consciente de que ella jamás había estado destinada a un final feliz, por lo que esperaba que la muerte pudiera redimir su fracaso y ahogarlo en el olvido.

Pero la muerte no llegó...

_________________________________________________________________________________________

El silencio de aquella enorme nave le crispaba los nervios. En todos los años de entrenamiento nunca se había dado cuenta de que, desde que fue recogida por los mandalorianos tras la invasión de su planeta, y desde la muerte o desaparición de todos los integrantes de su familia, nunca había estado completamente sola. A pesar de ser una huérfana de guerra, siempre se había sentido arropada por sus compañeros de entrenamiento, sus instructores y por sus superiores en general. Aquel silencio centenario de metal, estaba amenazando con desquiciar sus nervios. Especialmente porque desconocía en qué consistiría su día a día a partir de ahora, y no disponía de la información necesaria como para sentir que controlaba la situación.

A pesar de todo ello, nada ni nadie haría que perdiera la confianza en sí misma. Ella era la mejor de entre muchos soldados que habían realizado la prueba a su lado, y abandonar aquel destartalado planeta al que había sido confinada, para pasar a convertirse en la pupila del mismísimo Casius Dret, era el mayor honor que cualquier soldado podría llegar a desear. Aquella leyenda viviente la quería a ella, por lo que, en estos momentos, se sentía capaz de comerse el mundo, sin importar las duras pruebas a las que tendría que someterse, ni los obstáculos que tuviera que sortear.

Mientras la nave aterrizaba, la Zeltron pudo tener una visión panorámica de su futuro hogar. No resultaba muy acogedor, pero, para ella, aquel inhóspito planeta, y aquel enorme escudo de energía, era lo más hermoso que había visto nunca.

Cuando por fin pudo descender por la rampa, cargada con su antigua vida introducida en un único y pequeño petate a la espalda, Tyria respiró hondo y se permitió esbozar una sonrisa. Acto seguido percibió como se acercaba el apuesto mandaloriano que había venido a recibirla, y no pudo evitar lanzarle una mirada apreciativa a sus atractivas facciones, y a su bien formada musculatura. No conocía ni su nombre ni su rango, y nunca había visto una beskar'gam semejante, pero ante la familiaridad con que la trataba, la mujer olvidó las formalidades, para disponerse a replicar a sus provocaciones con una sonrisa felina, colocando una mano en su cadera de forma sensual.

-Mirándote detenidamente no sé si he aterrizado en el planeta adecuado, puesto que con esa cara, en lugar de llamarte demonio, podrías dedicarte a servir copas en un bar de alterne – afirmó tendiéndole la mano para aferrar su brazo y realizar el saludo mandaloriano – Me llamo Tyria Zaine, y no te preocupes que no soy ninguna hut'uunla, pero si lloro, prometo ahogar las penas pidiéndote un par de chig en tu bar. Aunque ahora estoy deseando presentarle mis respetos al capitán – finalizó, guiñándole uno de sus preciosos ojos violeta, para acto seguido, desafiarle con la mirada -¿Vamos, Kal?
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Kildan » Lun, 26 Ago 2013, 20:33

Una sonrisa depredadora aparece ligeramente en sus labios. Delcos no es un hombre fácil de impresionar, de hecho, su instinto y su capacidad para medir la fuerza de sus adversarios, es lo que le han otorgado un puesto en aquella academia. La Zeltron logra despertar su curiosidad. A diferencia de los reclutas llegados en las últimas semanas, ve una gran fiereza y determinación en aquella mujer. No es más que una primera impresión, pero si tendría que elegir, apostaría a que ella logrará llegar hasta el final del entrenamiento.

-Si tu puntería es tan certera como afiladas tus palabras, quizás este sea tu lugar. El recinto de los oficiales es aquel edificio de allí. He sido elegido como tú guía, así que te explicaré como funciona todo esto. En primer lugar olvídate de todo lo que sabes sobre la guerra, aquí aprenderás cosas que te permitirán obtener una victoria sea cual sea el objetivo. Todo lo que ves aquí comenzó con el padre de Casius. Cuando era muy joven resultó gravemente herido y eso le mantuvo alejado del combate. Pero su espíritu era el de un guerrero, así que dedicó su vida a algo diferente. Estudió decenas de mundos y razas, les observó y asimiló sus tácticas de lucha. Después fusionó todo lo que había aprendido para desarrollar un nuevo tipo de adiestramiento. Casius fue adiestrado desde que no era más que un niño según las tácticas de su padre. A los quince años ya era uno de los soldados más letales de todas las fuerzas mandalorianas.

Mientras caminan, pasan junto a una zona destinada para el entrenamiento con armas blancas. Allí, una figura pequeña, de apenas metro sesenta y cinco, combate con dos vibrocuchillas contra varios droides de combate. El mandaloriano mantiene una serenidad total mientras danza entre las bestias de metal, cortando y destrozando a sus atacantes. Sus movimientos son elegantes y ágiles pese a la pesada armadura que porta. Diminutas perlas de sudor cubren su rostro y aunque parece que al fatiga amenaza con mermar sus fuerzas, continúa luchando como si la vida le fuese en ello. Pero no hay desesperación en su mirada, tan solo la aceptación de la muerte en caso de fracasar.

-Casius ha depurado todo lo que ha aprendido y ha creado esta academia. Los instructores utilizan los rangos militares de las fuerzas de la república, dicen que así es para que comprendamos mejor su escala de mando, por si nos enfrentamos de nuevo a ellos. Aquí van a meterse en tu cabeza, van a buscar tus peores pesadillas y las van a usar contra ti. Van a llevar tu cuerpo hasta más allá del límite. El cansancio, el hambre, el sueño...no se detendrán hasta que todas esas cosas no signifiquen nada para ti. La idea de Casius sobre la guerra, no es la de enviar a un millar de hombres disparando contra las fuerzas enemigas. Él asegura, que una decena de hombres bien preparados pueden ser capaces de acabar con un millar de soldados. Quiere que seamos perfectos, que seamos sombras cuando lo necesitemos y exterminadores cuando la ocasión lo requiera, pero sobre todo, quiere que vayamos mucha más allá. No quiere que seamos capaces de pensar brillantes estrategias, quiere educar nuestras cabezas para que seamos capaces de desarrollar esas estrategias de forma automática y que a al vez, seamos capaces de adaptarnos a las circunstancias si algo sale mal. Ya sabes, no necesitas pensar para respirar, así que quiere que tampoco necesitemos pensar para trazar un plan de acción.

Tyria a la vez que escucha las palabras de su guía, va observando cuanto la rodea. Hay cinco barracones para los reclutas, no son especialmente grandes. Quizás para un máximo de diez soldados y cada uno de ellos tiene una bandera con un depredador. Algunos parecen auténticos pozos de basura, mientras que uno de ellos en especial, parece disponer de varias comodidades. Por el contrario, el edificio de los oficiales dispone de todas las comodidades y toda la tecnología que puedan necesitar. En la entrada se encuentra una mujer rubia y de ojos azules, cuya belleza se ve ensombrecida por la severidad de su rostro y el uniforme que porta. Se encuentra tras un escritorio y tras ignorarles durante casi cinco minutos (Tiempo en el que ambos se mantienen firmes) clava la mirada sobre ellos con gran furia. Como si no fuesen más que meros insectos que revolotean a su alrededor. La mujer porta galones de sargento y es quien acabaría siendo una de sus mayores rivales, la esposa del capitán. Con un gesto y tras consultar su terminal, les permite avanzar por el pasillo que hay tras ella.

El capitán Stainer es un hombre de hombros anchos y constitución fuerte. Alcanza casi el metro noventa y sus ojos color café, unido a su oscuro cabello (El cual comienza a volverse plateado) le otorgan una apariencia intimidatoria. Pero quizás el rasgo que le otorga una mayor apariencia de bruto, es su nariz rota. Quizás herida durante un combate y no llegó a curarse como debía.

-Bienvenida recluta Zayne. Su expediente me ha resultado de lo más curioso. Ha permanecido alejada del campo de batalla durante demasiado tiempo, pero aún así sus calificaciones son excepcionales, algo extraño aunque posible. El propio Casius Dret ha sentido curiosidad por su persona, así que espero que no nos defraude. Pero no la voy a mentir, este lugar puede ser catalogado más como una prisión con salas de tortura, que como una academia. Si en algún momento siente que no puede continuar y que desea abandonar, informe a su instructor y la pesadilla terminará. -Aunque su apariencia dice lo contrario, la voz y los gestos del capitán distan mucho de ser los de un bruto insensible. Más parece un profesor que un soldado. -Existen dos tipos de puntuaciones aquí, la individual y la de su unidad. El campamento dispone de cinco barracones para mantener siempre en todo momento, a cinco unidades. Aquí se fomenta tanto el trabajo individual como el de equipo. Formaras parte de la unidad Zillo, la unidad de Kal Delcos. Aquí deberéis de ganaros absolutamente todo con vuestra sangre y sudor. Cuanto mayores sean vuestras puntuaciones, mayores serán vuestras recompensas. Tanto en alimentos, equipo, armas y comodidades. Comenzarás portando la armadura cero, está construida con un material muy denso que la hace especialmente pesada, pero no ofrece demasiada protección. Eso quiere decir que serás lenta y te agotarás con rapidez y ya sabes lo que eso significa en el campo de batalla. La armadura de verdad, así como las armas tendrás que ganártelas. La comida, comodidades y equipamiento de supervivencia, se conseguirá con la puntuación de tú unidad. Además se realizan operaciones que hace competir a las unidades. Los ganadores obtendrán ciertos privilegios, mientras que los perdedores sufrirán severos castigos. Aquí solo los mejores sobrevivirán ¿Alguna pregunta Zayne?

Tyria comprende a la perfección lo que aquello significa. No solo deberá de esforzarse para su propia seguridad, sino que se verá obligada a colaborar con otros hermanos para sobrevivir. Pero sabe que si no logra cumplir con las expectativas de su equipo, si ella comienza a ser un estorbo para ellos, no dudarán en dejarla atrás o incluso, en matarla. Aquel lugar es un campo de batalla, si su unidad logra situarse entre las mejores, está segura de que el resto de las unidades podrían intentar algo contra ellos. El capitán se equivoca, aquello no es una prisión, es un campo de batalla mortal.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Tyria Zaine » Dom, 15 Sep 2013, 17:34

La mujer dejó escapar una sonrisa ante las palabras de su nuevo guía. Aunque por diferentes razones, ella también había sido apartada del combate. Por esa razón entendía mejor que nadie al padre de Casius, y lo que significaba dedicar los días a la búsqueda del perfeccionamiento en las artes de la lucha. Aquello era lo que la había mantenido alerta durante el interminable año que pasó recluida sin poder hacer nada para evitarlo.

Mientras Delcos hablaba, ya empezaba a sentirse identificada con aquel encomiable hombre de intachables convicciones. Tyria sabía que el perfeccionamiento físico era importante, pero un cuerpo bien adiestrado no era suficiente para ganar batallas. Las tácticas ofensivas y defensivas eran un elemento primordial para la victoria.

Ambos soldados recorrieron las instalaciones, mientras la joven Zeltrón no perdía detalle ante sus explicaciones. Sus ojos deseaban captar cualquier dato, por mínimo que fuera, para poder confeccionar una idea global de su nuevo hogar y, por lo pronto, le gustaba lo que veía. Aquel pequeño recluta de tez serena, que bailaba en perfecta sincronía para derrotar a unos droides de combate que le superaban en número, con tan solo la ayuda de sus vibrocuchillas, hizo que el latido de su corazón se acelerara. La mera idea de ser ella quien se encontrara en aquella situación poniéndose a prueba, hacía que sus mejillas adquirieran una hermosa tonalidad, aun más rojiza que su propia piel. Pese a todo, no podía permitirse mostrar ningún tipo de emoción, puesto que era plenamente consciente de que aquello era un símbolo de debilidad.

“Quiere que seamos perfectos”
Oyó decir a su atractivo acompañante ¿Se sentía preparada para alcanzar la perfección? La joven mandaloriana, avivada por su impulsiva juventud, estaba convencida de que podría sortear cualquier obstáculo y completar cualquier prueba, por dura que resultase. Asimismo, movida por su pasión y gracias a sus fuerzas renovadas, se permitió llegar aun más lejos, creyéndose capacitada de idear brillantes estrategias de forma automática, cuando la situación lo requiriera. En aquellos momentos, sus peores pesadillas habían quedado relegadas a un segundo plano y, mientras la recluta desestimaba el fracaso como opción factible, su mente se embriagaba con la idea de convertirse en una mortífera sombra al servicio de sus hermanos.

Finalmente llegaron a los barracones, donde poco a poco se fue confeccionando en su mente la idea del entrenamiento, mientras se mantenían firmes y silenciosos a la espera de las órdenes de la hermosa mujer de duras facciones. Durante el tiempo que permanecieron mudos, Tyria se preguntó cuál sería el barracón que le correspondería. Su instinto le decía que debería tratarse de uno de los peor conservados, y se esforzó por poner más atención tanto en los nombres de los depredadores escogidos, como en los detalles. Cinco barracones, diez reclutas como máximo por cada barracón… si no existía otra ala de entrenamiento, eso significaba un máximo de 50 reclutas en total, sin contar con el número de oficiales. ¿Cuántos de ellos completarían el entrenamiento al final?

Tras recorrer por fin el pasillo que les separaba del capitán Stainer, La Zeltrón se cuadró en un marcial saludo, mostrando un profundo respeto hacia aquel hombre que se había convertido en su superior directo. Mientras le escuchaba recitar su expediente, la mujer permaneció impasible, sin mover una sola de sus facciones, a pesar de lo extraño que le parecía que el mismísimo Casius Dret se hubiera fijado en ella. Asimismo, tampoco manifestó ninguna emoción al recibir la noticia tanto del nombre de su futura unidad, como de su nuevo jefe. A fin de cuentas, la presencia de Kal Delcos tendría que haberle dado alguna pista, por lo que se odió a sí misma por haber obviado aquel detalle.

Una vez explicadas las condiciones del entrenamiento, Tyria fue totalmente consciente de que aquello no sería un camino de rosas. No obstante, su espíritu se sentía tan henchido de emoción, que no pudo evitar contestar a la pregunta del capitán Stainer con una única cuestión, recitada con ímpetu y devoción.

-Tan solo una, capitán: ¿Puedo empezar ahora mismo, señor?
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Kildan » Mié, 18 Sep 2013, 17:46

Sosteniendo la mirada de la joven mandaloriana, el capitán sonríe, no con los labios, sino con los ojos. Están allí para crear la élite de cuantos soldados jamás han existido, por ello le agrada ver entusiasmo y voluntad en los reclutas.

-Su adiestramiento comenzará en breve. Pero en primer lugar, deberán de pasar por la armería y equiparse. Después diríjanse al barracon para conocer al resto de la unidad Zillo. Casius Dret regresará de supervisar las maniobras de la unidad Acklay. El propio Casius les dedicará unas palabras antes de comenzar el infierno al que tendrán que hacer frente. Retírense.

Minutos después y tras haber recogido la pesada armadura que desde ahora, formará parte de su ser, ambos se dirigen al barracon Zillo. Tyria siente como comienzan a formarse perlas de sudor en su frente, pues la armadura no tan solo dificulta la movilidad y la convierte en una presa lenta y torpe, sino que también la proporciona un calor asfixiante. La joven Zeltron se empieza hacer a la idea de lo duro que será realizar unas maniobras de combate y supervivencia con esa armadura. No tan solo hará que se agote rápidamente por el peso, sino que corre un gran riesgo de deshidratarse en aquel planeta tan cálido.

El barracon Zillo (por llamarlo de alguna manera) no son más que cuatro paredes y un techo. Aunque decir eso, es ser demasiado generoso, pues parte del techo simplemente no existe. No hay literas, tan solo unos sacos de dormir sobre un frío y duro suelo. Las duchas solo tienen agua fría...y no siempre. Es con diferencia, el peor de todos los barracones.

-Mala suerte para ti pequeña. La unidad Zillo es la que peor puntuación posee, de hecho, nuestra puntuación global es...cero. Esta unidad ha sufrido tantas bajas, que cada dos semanas más o menos, nos llega un nuevo recluta. Yo llevo un mes aquí y ya he visto morir o abandonar a seis mandalorianos.

El único lujo o comodidad que poseen, son unas pequeñas y oxidadas taquillas donde poder guardar sus pertenencias. No es gran cosa, pero viendo la situación, al menos podrá depositar sus pertenencias en un lugar que no sea el propio suelo.

-Atención Zillos, tenemos una nueva recluta con ganas de dar guerra. Se llama Tyria Zayne, sed buenos y darla una calurosa bienvenida.

El lugar impregnado con los olores del sudor y el aceite para armas, dotan al barracon de una presencia aún más pésima. Aunque el espíritu de los presentes, tampoco anima demasiado la cosa. Todos se encuentran sumergidos en sus quehaceres. Tan solo alzan la mirada hacia la recién llegada. Alguno quizás asiente con la cabeza a modo de saludo, pero poco más. No parece haber espíritu de equipo ni de compañerismo aunque desde luego no es de extrañar, si las cifras de bajas son tan altas, seguramente piensen que en las próximas horas cualquiera de ellos puede estar muerto.

-Las fiestas del barracon Zillo son legendarias, como puedes ver, somos el alma de la fiesta. Te presentaré a todos. El hombrecito que está limpiando sus espadas y que hace un rato viste fuera practicando contra los droides es Kelan Helross. Es jodidamente diestro con esos cuchillos, aunque nuestro querido jefe de unidad le obliga a cargar con las armas de apoyo.

Al escuchar su nombre, el soldado se inclina levemente con una reverencia y continúa afilando y limpiando sus armas. Es un hombre tranquilo y meditabundo, una de esas figuras a las que puedes contar un secreto y sabes que moriría antes de desvelarlo. Es y con diferencia, el más disciplinado de todos.

-Esos tres del fondo son los más veteranos, pasan el tiempo haciendo apuestas sobre cuanto vamos a durar. El zabrak se llama Kilan Mithren, es bueno con los ordenadores y esas cosas, una especie de cerebrin. El gigante hiper musculado que tiene la cabeza afeitada y los brazos llenos de tatuajes es Joan Tordres. Le encanta las cosas que hacen ¡BOOM! o en su defecto, las armas pesadas. El que queda, es uno de los mejores, que no te engañe su pequeño tamaño o su falta de músculo. Ese tío con cara de zorro es un experto en el arte de la infiltración y el asesinato, se llama Tyrrek Nabell.

Kilan es alguien de sonrisa fácil que acostumbra a dotar a sus palabras con un toque irónico. Tiene la inteligencia de un genio y disfruta realizando chiste a costa de los demás, salvo de sus dos compañeros. Joan es una fuerza de la naturaleza, fuerte, salvaje pero en el fondo, es tremendamente protector con sus amigos. Rápido en ira no le asusta nada ni nadie. El no poder dominar sus impulsos lo han metido en problemas en decenas de ocasiones. El último miembro de aquel trío, es quizás uno de los más cultos. Es una figura tranquila que disfruta de una buena conversación. Pero eso no impide que sea un maestro en las artes marciales capaz de asesinar a un Wookie solo con sus manos.

-El Duro de piel azulada que está tumbado en su saco es Nabka Helcken. Le encantan las apuestas y tiene una suerte jodidamente endiablada, jamás apuestes con él. Pero donde realmente destaca es pilotando. Da igual que sea una nave o un vehículo terrestre, ese tío es simplemente genial. La preciosa Chiss es Elka Tarin, al igual que yo, toda una tiradora.

Nabka es o más bien acabará siendo el espíritu de los Zillon, parlanchín y alegre resulta imposible no contagiarse con su buen sentido del humor. Aunque Joan no parece estar muy de acuerdo, pues las alocadas maniobras del piloto no suelen dejar en buen lugar su estómago. Elka es una mujer fría y dura, al igual que Tyria a luchado mucho para llegar donde está. Posee una gran agudeza para trazar planes y para ver en el corazón de quienes le rodean.

-Joka Berin y Rykin Nexin llegaron hace un par de días. No he hablado mucho con ellos, pero parecen buenos tiradores, creo que venían de unidades de exploración. Ambos se conocían de antes.

Ambos son diestros soldados sin ningún rasgo físico que les haga sobresalir. Son humanos con una constitución que revela, que ambos se han ejercitado desde la niñez. Joka es experto en reconocimiento, pero inseguro a la hora de realizar planes, tiene una personalidad que le hace ser alguien que no duda en seguir órdenes. Rykin es capaz de sobrevivir en cualquier entorno e incluso de seguir a una presa en medio de un tornado. Le resulta difícil relacionarse con el resto prefiriendo cuando puede, pasar el tiempo en soledad.

-El hombre de tez morena y ojos grises es Bemel Nexwol. Mentiroso, caradura, tramposo pero jodidamente letal con los blasters. Ten cuidado o te lo encontrarás en tu saco esta misma noche. Ahora será mejor que descanses, Falta media hora para que llegue Casius y le gusta que los nuevos suden sangre en su primer día. Ah...por cierto, cada barracon tiene un jefe de unidad. El nuestro es un completo inútil que tiene su puesto gracias al capitán Stainer, es familiar suyo. Le importa una mierda cual sea tu especialidad, te coloca donde le da la gana arriesgando las misiones, juega con nuestras vidas como si no fuésemos más que piezas prescindibles. Además, el tío no tiene ni idea de estrategia. Él es la causa de que seamos el hazmereír de la base. Joan se ha pasado en la celda de castigo más tiempo que nadie. Ten cuidado con el jefe de unidad o acabaras muerta.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Tyria Zaine » Lun, 30 Sep 2013, 21:15

Cuando el capitán le da las órdenes pertinentes sobre cuál debería ser su siguiente línea de acción, la mandaloriana no puede creerse que el mismísimo Casius Dret se digne a dedicarle unas palabras. Mientras se retiraban, pasando de nuevo por la puerta donde se encontraba la rubia mujer de hermosas y duras facciones, Tyria no dejaba de agradecer en su interior, estar teniendo esta increíble oportunidad.

Una vez llegaron a la armería, donde terminó de ajustarse aquella inútil y pesada armadura, siguió a Kal Delcos por las instalaciones mirando a derecha e izquierda para familiarizarse con el terreno. Mientras caminaba, se dijo a sí misma que cuanto más dura sería la prueba, más capacitada se encontraría al finalizarla y, aunque la armadura resultaba increíblemente difícil de sobrellevar, se convenció a sí misma de que aquel trasto de metal era su mejor amigo a partir de ahora.

Finalmente alcanzaron lo que aparentemente era el barracón Zillo. Las expectativas que pudiera haber tenido, se esfumaron en un momento. No obstante sonrió bajo la convicción de que el esfuerzo y la dedicación lo convertirían en el mejor lugar donde unos reclutas pudieran desear vivir. Realmente daba pena verlo y no estaba segura de si a los reclutas se les permitía hacer algunos arreglos, tales como reparar el techo, echar un vistazo a las cañerías, o limpiar un poco. Aquellas eran algunas de las preguntas que pretendía formularle a Kal, y mientras escuchaba de su boca la puntuación que habían obtenido y sopesaba el número de bajas, comenzó a intentar discernir las razones de aquel fracaso. ¿Acaso se trataba de que los reclutas no daban la talla? Aquello simplemente no era concebible, puesto que a aquel infierno perdido de la galaxia, tan solo acudían los mejores.

-¿Un mes? Pensé que eras alguien más importante
– le susurró con picardía para jugar un poco con él, al mismo tiempo que visualizaba una taquilla vacía donde podría dejar sus escasas posesiones, y buscaba un saco que pudiera utilizar.

Por fin, llegó el momento de las presentaciones. Aquellos chicos serían sus compañeros de infierno durante toda su estancia en el barracón. Ella había tenido una infancia difícil, pero una cosa había quedado grabada en su cabeza desde que tenía uso de razón: Sus hermanos tenían que ser su vida y, a su vez, lo que marcaría la diferencia entre el fracaso y una hermosa victoria. Por ello, no le importaba si aquellos hombres eran totalmente opuestos a ella en cuanto a sentimientos e ideologías. A partir de este momento, debía luchas por que fueran uno en el campo de batalla.

Otra decepción más fue el recibimiento. Aquellos soldados parecían derrotados antes de comenzar a pelear. Nada les motivaba, y la joven Zeltron no encontró ni el más mínimo ápice de camaradería. Definitivamente eso tenía que cambiar si querían obtener una buena puntuación, pero ni tan siquiera aquello la desanimó, puesto que estaba dispuesta a trabajar tan duro como fuera necesario para que sus nuevos compañeros se convirtieran en sus hermanos.

Tyria comenzó a analizarlos uno a uno. Kilan Helross era alguien que tener en cuenta. Aquella increíble habilidad con los cuchillos unida a su disciplina, le convertían en un soldado muy capaz... Lástima que estuviera tan desaprovechado. Kilan Mithren sería muy útil ante cualquier misión táctica donde tuvieran que buscar información, o incluso ocultar su propio rastro en la holonet. Joan Tordres podía convertirse en un arma mortífera a gran escala, y siempre era a ventaja contar con un experto en explosivos. Disponer de un experto en el arte del sigilo y la infiltración como Tyrrek Nabell, podría suponer una gran victoria con muy pocas bajas. Un excelente piloto era un elemento clave para cualquier grupo y, aun más, si estaba dotado con el don de la buena fortuna, y tanto expertos exploradores, como buenos estrategas, podían llegar a ser una bendición en un momento dado. Finalmente, un generoso grupo de versados tiradores, conformaba la perfecta guinda para una unidad impecable.

La joven Zeltron se estaba preguntando qué era lo que le fallaba al escuadrón, cuando Kal se lo aclaró… “Un completo inútil que tiene su puesto gracias al capitán Stainer” ummm…. Estaba claro que ni en el infierno uno podía librarse de los favoritismos. ¿Cómo era posible que aquel jefe de unidad ni siquiera supiera de estrategia, y que ni se molestara en explotar el potencial de sus hombres? – pensó con marcada indignación en su rostro.

Tras saludar a todos con una presentación marcial y una explicación básica de sus habilidades en combate, Tyria se hizo una imagen global de cuál sería la batalla más dura que tendría que luchar, una vez superara su encuentro con Casius Dret: Estaba dispuesta a todo para que las cosas cambiaran por aquí… aunque, con ello, corriera el riesgo de morir en el intento.
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Tyria Zaine
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Kildan » Mar, 01 Oct 2013, 20:39

Existe un momento en la vida, cuando todo aquello que te rodea es tan solo dolor y sufrimiento, en que la mente comienza a desmoronarse. La percepción del tiempo deja de existir y uno comienza a olvidarse de quién es y cuáles son sus sueños. Lenta pero inexorable comienza la caída hacia el olvido…comienza la muerte del alma.

Tyria Zaine desconoce el tiempo que lleva en aquel lugar infernal. ¿Semanas? ¿Meses? ¿Años? Poco importa, lo único de lo que es consciente que cada minuto en el que su corazón sigue latiendo, es un pequeño triunfo que obtiene sobre la muerte y aquella victoria, es cuanto tiene para permanecer cuerda y no arrojarse a los fríos brazos de la dama de la guadaña.

La gravedad del planeta, que es ligeramente superior a la que están acostumbrados, junto a la densidad del oxígeno, que es bastante menor. Da como resultado que cada paso sea una tortura, cada bocanada de aire un esfuerzo. Pero si a todo aquello le unimos los duros adiestramientos físicos a los que son sometidos, no es de extrañar que tantos hayan abandonado o incluso, hayan muerto de agotamiento. Al principio todo aquello podía ser soportado cuando empezaron a otorgarles puntos. Pero tan solo Tyria se emocionó con ello, pues el resto de la unidad Zillo conocía la verdad. Su jefe de unidad buscaba siempre cualquier pretexto para penalizar sus puntuaciones. En pocas palabras, mientras que el resto de las unidades lograban mejor equipamiento y alojamientos, la unidad Zillo permanecía exactamente igual que el día en el que Tyria llegó a la base.

Ahora comprendía la falta de entusiasmo de su unidad, todos sabían que jamás se graduarían y que aquel desértico e inhóspito planeta sería su tumba. Siempre podían renunciar claro, pero su orgullo y honor les impedía hacerlo. Así que estaban condenados, eran tan solo espectros de los hombres y mujeres que una vez fueron. Almas en pena que luchan con sus últimas fuerzas intentando que sus muertes, no estén completamente vacías. Que quizás cuando sus cuerpos sean enviados a sus hogares, sus familias puedan sentirse orgullosos por haberlo intentado hasta el final.

El poco tiempo que disponen para dormir, están tan agotados que apenas son capaces de conciliar el sueño. Es en esos momentos cuando Nabka comienza a describir los paraísos en los que ha estado. Al principio todos le gritaban para que se callase, pero con el paso del tiempo, al final tan solo Joan le gritaba y más para mantener su fachada de tipo duro que por otro cosa. Pues en el fondo, el escuchar la vida que hay más allá de ese árido planeta, les llena de recuerdos de sus hogares, de sus amigos y familiares que han dejado atrás. Por lo que logran calmar sus mentes lo suficiente para poder dormir unas pocas horas.

Pero a veces incluso eso les arrebataban, ya que en una ocasión pasaron tres días sin poder dormir. Pues fueron encerrados en celdas aisladas donde cada diez segundos, una sonora alarma tocaba durante cinco segundos. Cuando por fin salieron de allí estaban al borde de la locura, famélicos, deshidratados y totalmente agotados. Tyria ni tan siquiera recuerda como lograron sobrevivir los días siguientes, pero fue más un milagro que por habilidad.

El culpable de todo aquello es su jefe de unidad, pues ninguna otra unidad recibe un adiestramiento similar…o más bien, ninguna tortura parecida. Han pasado casi tres meses desde su llegada, pero Tyria siente que ha permanecido en aquel lugar toda una eternidad. Ahora se enfrenta a un reto imposible que su jefe de unidad les ha ordenado. Es una prueba en la que deberán de enfrentarse a otras de las unidades. La unidad Zillo debe de tomar una colina que defiende la unidad Bantha. El problema es que la unidad Bantha posee un equipamiento muy superior, la ventaja de la altura, mejor armamento, trincheras y tres blasters de repetición pesados. Uno de los cuales ha sido posicionado para matar, todo por culpa de Aislen, el jefe de la unidad Zillo.

La unidad Zillo debe ascender por una ladera que no posee apenas resguardo alguno, lo que en pocas palabras significa, que es muy probable que alguno muera durante la ascensión. En un primer momento el equipo Bantha tan solo iba a usar las armas en posición de aturdimiento, pero cuando Joka y Rykin sugirieron a Aislen tomar una ruta subterránea que conocían, este sencillamente se negó a escucharles y ordenó el cambio a letal en uno de los blasters de repetición pesados.

La idea de los exploradores era buena, conocían un sendero que aunque peligroso, les llevaba directos a la retaguardia de la unidad Bantha. Podían tomarles por sorpresa y ganar sin sufrir bajas, pero Aislen se negó a escucharles y cuando insistieron, ordenó el uso de munición letal.

Allí se encuentra la unidad Zillo, resguardada al pié de la colina ocultos tras unas rocas mientras se observan unos a otros. Saben que alguno de ellos no llegará hasta la cima, saben que están jugando con sus vidas pero no pueden hacer nada. Es una orden directa de su superior y desobedecerle significa un castigo ejemplar y ser marcados con la marca del deshonor. Aquello es una pesadilla, una en la cual Aislen se pasea con su brillante armadura. Una inmaculada y brillante cuyo casco oculta a un ser despreciable y cruel.

Agazapados mientras los disparos blasters chocan contra las rocas, la unidad Zillo se prepara para lo que puede ser su final. El fuego que los blasters de repetición escupen sobre ellos es demasiado intenso. Tratar de ascender es una locura, pero no les queda más remedio. Saben que el primero en salir es quién tiene más posibilidades de ser desintegrado, por ello ninguno da el paso decisivo. Algo que sin duda parece estar molestando a Aislen.

Es en aquellos momentos cuando Tyria recuerda la primera vez que contempló con sus propios ojos a Casius Dret. El hombre, la leyenda viviente resultó ser un verdadero guerrero. Su armadura estaba cubierta de polvo y por pequeños arañazos. Su voz era fuerte, la de un líder nato.

-Bienvenidos Unidad Zillo. El que os encontréis hoy aquí ya os hace merecedores de todos los honores y de mi respeto. Sois lo mejor que nuestro pueblo puede ofrecer, sois verdaderos soldados adiestrados en el arte de la guerra. Mi objetivo no es enseñaros lo que ya sabéis, sino que seáis capaces de desarrollar todo vuestro potencial. No os enseñaré que es la guerra, os convertiré en la propia guerra y si todos llegáis hasta el final, entonces seréis la fuerza militar más mortífera de toda la galaxia. Seréis capaces de enfrentaros a unidades diez, veinte o incluso cien veces más numerosas. Nada podrá deteneros y os convertiréis en aquello a lo que el propio miedo teme. Para ello deberéis de destruir vuestras debilidades y fortalecer vuestras virtudes. Yo os daré los medios para convertiros en lo que veo que podéis llegar a ser, pero depende únicamente de vosotros encontrar la senda que os convierta…en verdaderos dioses de la guerra. Gloria y honor hermanos, que comience el principio de vuestra senda.

De vuelta en el presente Tyria contempla como todo está mal en su unidad. No importa cuál sea la especialidad de cada miembro de la unidad, ninguno está donde debería. Lo cual sin duda, disminuye notablemente el rendimiento de los Zillo. Da igual desde que punto de vista se contemple aquel asunto, Aislen es un completo inútil que parece que tan solo desea darles muerte.

-Unidad Zillo no volveré a repetirlo, si en diez segundos no estáis subiendo por esa colina, ordenaré que un segundo blaster de repetición pase a letal. 10…9…8…
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Tyria Zaine » Dom, 06 Oct 2013, 18:57

El infierno llegó tal y como estaba previsto. Pero nada podían preparar a la joven Zeltron para lo que se avecinó, por mucho que se hubiera repetido a sí misma que era fuerte como para soportarlo todo. Los días transcurrían lentos e inexorables, mientras el escuadrón seguía resistiendo, a pesar de saber que sus esfuerzos siempre eran en vano, y a pesar de haber visto caer y abandonar a algunos recién llegados. A decir verdad, dejó de afectarle el tiempo que llevaba allí, puesto que cada mañana era una nueva pesadilla, donde no importaba lo que hicieran, puesto que siempre que conseguían obtener algún tipo de puntuación con el sudor de su frente, el jefe de unidad les penalizaba con cualquier tipo de falta nimia e inexistente, que echaba por tierra todo su esfuerzo y su trabajo.

Allí estaba Aislen, sin despeinarse, con su refulgente y liviana armadura completamente inmaculada, mientras todos se dejaban la piel en cada entrenamiento, bajo aquella insufrible gravedad, y bajo aquella irrisoria densidad de oxigeno. Pero Tyria ni siquiera le odiaba. En su fuero interno solo podía sentir lástima por aquel despreciable hombrecillo, que jugaba con las vidas de excelentes soldados, sin afectarle lo más mínimo sus destinos. Al principio trató de acercarse a él para intentar hacerle ver su punto de vista y exponer algunas ideas tácticas, donde pudieran explotar todo el potencial de los reclutas. Incluso utilizó sus habilidades raciales para lograr que estuviera más receptivo, pero su jefe de unidad simplemente no quiso escucharla, y les castigó a todos en una celda aislada durante tres días y tres noches, llevándoles al borde de la locura.

Tras ello, se esforzó por que su unidad destacara, ayudando a sus compañeros en todo lo posible, pese a la infinidad de zancadillas que encontraban en el camino, y pese a que todo fuera en vano. Ahora volvían a encontrarse ante una tarea imposible, donde debían derrotar a la unidad Bantha, a pesar de su superior equipación y posicionamiento, y donde cualquier plan alternativo era desestimado inmediatamente por su superior directo.

Tyria no podía entender por qué aquel hombre se había empeñado tan intensamente en destruirles. O bien era un absoluto incompetente, o bien tenía algún tipo de vendetta contra uno o varios miembros de su unidad, o esto tan solo era una macabra diversión o una broma cruel de aquel psicópata sin escrúpulos… En cualquier caso, aquel día estaba convencida de que, no solo no lo lograrían, sino que perderían a algún hermano en el intento. La Zeltron había sufrido tanto junto a todos y cada uno de aquellos hombres, que no estaba dispuesta a dejar morir a ninguno de ellos, aunque eso supusiera su deshonra y su expulsión.

De repente, la mandaloriana recordó las encomiables palabras de Casius Dret, donde su corazón, henchido de emoción y orgullo, se aceleró con cada golpe de su voz. Ahora estaba a punto de perderlo todo y, a pesar de que en su fuero interno deseaba que todo esto fuera una prueba para ver de qué material estaban hechos, estaba convencida de que esta sería su última maniobra en el infierno…

Por alguna razón, aquella convicción la relajó. Se sentía feliz de haber tenido la posibilidad de compartir aquella experiencia con tan admirables soldados. Lo que más le dolía era lo mucho que les echaría de menos, pero ya había decidido cuál sería su destino, por lo que retractarse ya no era una opción. Mientras su jefe de unidad contaba hacia atrás para que abandonaran la seguridad de la colina, la Zeltron se dirigió rápidamente hacia donde Aislen se encontraba, mientras aun sostenía su arma en la mano.

Sabiendo que su blaster y el de toda su unidad habían sido configurados en modo no letal, Tyria llegó hasta su objetivo, al mismo tiempo que, con fingida consternación, comenzaba a hablar -¡Señor! Creo que mi arma está defectuosa – dijo mientras le apuntaba – Se dispara sola. – finalizó rápidamente, antes de que le diera tiempo a reaccionar. Una vez estuvo en el suelo, tenía que actuar con rapidez. Ante los atónitos ojos de sus compañeros, recogió el cuerpo inerte de su superior, mientras les daba órdenes, asumiendo el mando y, con ello, toda la responsabilidad de lo ocurrido.

-Chicos, el jefe de unidad ha cambiado de idea en último momento y ha decidido unirse a la batalla, pero un blaster enemigo le ha impactado. Antes de caer inconsciente, me ha puesto a las órdenes, por lo que se harán las cosas a mi manera. – gritó con convicción.

-¡Bermel, Elka, Nabka! vosotros os posicionareis aquí y armaréis todo el escándalo del que seáis capaces. Quiero que piensen que la unidad al completo se encuentra en la parte baja de la colina para que no nos vean llegar y, si podéis derribar a algún enemigo, mejor que mejor – comenzó con voz de ánimo - ¡El resto! Tomaremos la ruta alternativa, tal y como sugirieron Tyrrek, Joka y Rykin. No creo que sea necesaria ninguna explosión o desmantelar ningún sistema de seguridad, pero por si acaso, Joan, Kilan, estad preparados – concluyó, esperando que el resto la siguiera – La unidad Zillo no deja a ningún compañero atrás, por lo que cargaré yo misma con Aislen y tomaremos la colina a su lado. ¡Hoy, los Zillo saldremos victoriosos y los Bantha nunca sabrán qué es golpeó! – finalizó entre gritos de ánimo, esperando al menos, concluir con éxito esta misión, antes de ser expulsada de la academia.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Kildan » Dom, 06 Oct 2013, 21:42

La traición y la desobediencia se castiga en el mejor de los casos, con la muerte. Lo que Tyria acaba de hacer sabe que traerá consecuencias, pero aún así está dispuesta a arriesgar no solo su vida, sino su propio honor para salvar a sus compañeros. Quienes como si estuviesen contemplando un sueño, permanecen durante unos instantes totalmente incrédulos ante lo que acaba de suceder ante sus ojos.

Tan solo las ordenes gritadas por la Zeltron parece devolverles a la realidad y por primera vez en mucho, mucho tiempo, vuelven a sentirse como lo que realmente son, auténticos mandalorianos. Guerreros sin miedo capaces no solo de hacer frente a la muerte, sino de hacerla retroceder. Son la unidad Zillo, una de las criaturas más poderosas y letales que existen, ya es hora de que toda la base sea consciente de porque portan con honor a esa bestia como emblema. La unidad actúa por instinto olvidando rápidamente el sistema de combate de la república, que durante los últimos meses les han tratado de enseñar. Pero en especial se olvidan de la jerarquía militar que deben de seguir y desde luego, no piensan en el castigo que caerá más tarde sobre ellos. Quizás sea la muerte lo que les espere, pero no les importa, pues si aquella va a ser su última batalla, piensan ganarla hinchados por el orgullo de ser verdaderos mandalorianos. Si aquel va a ser su final, entonces se despedirán a lo grande. Pues después de todo lo que han sufrido, después de todo por lo que han pasado, aquella batalla será su liberación. Van a ganar aunque tengan que combatir tan solo con sus dientes y uñas.

-¡Por la gran nebulosa! No sé si la Zeltron está loca o jodidamente loca, pero yo me apunto a darles su merecido, ya lo creo que me apunto. Y no te preocupes, si algo se me da bien, es provocar el caos.

De toda la unidad, es Kal Decos el primero en cuadrarse ante Tyria y saludar, pero es Nabka con una gran sonrisa el primero en pronunciar unas palabras. El Duro más que un soldado, parece un niño dando saltitos de alegría mientras empieza a canturrear una canción. Todo ello mientras prepara su blaster para empezar a desatar el caos. La unidad hace un rápido cambio de equipo proporcionándose unos a otros, las armas que mejor saben utilizar. Cuando la Chiss recibe el rifle con la mira telescópica, sonríe con una ligera mueca de placer. Después se posiciona y antes de que el resto pueda terminar de prepararse, Elka logra eliminar a un miembro de la unidad Bantha.

-La segunda presa del día, en tu honor Zayne.

Bemel se prepara, no sin antes depositar un beso a Tyria, sobre el frío metal de su casco. Después con una sonrisa burlona indica a Nabka cómo y hasta donde avanzarán para atraer el fuego enemigo, mientras que Elka les cubre.

-No dejamos a nadie atrás ¿Eh? umm... -Joan se planta frente a Tyria mientra la observa detenidamente. -Pues tú te quedarás atrás si vas a cargar con ese pedazo de cobarde, yo lo llevaré, tú encárgate de entregarnos la victoria. Si vamos a meternos en problemas, al menos antes quiero mearme sobre la bandera de los Bantha.

Con precisión milimétrica la unidad Zillo se pone en marcha. Joka les guía hasta la entrada en la cueva y después es Rykin quién toma la delantera indicándoles por donde avanzar. Por primera vez en mucho tiempo todos se sienten cómodos con su papel y lo desempeñan con maestría. Todo el cansancio que acumulado parece haberse esfumado, e incluso nada parece importarles ya el peso de la armadura. Finalmente, aquel día, cuando los últimos rayos de sol se desvanecen, los Zillo se alzan triunfantes sobre los Bantha. La ferocidad con la que los Zillo combatieron y el ataque sorpresa fue todo cuanto necesitaron para vencer a un enemigo mucho mejor armado y equipado. Aquel día los Zillo combatieron como si la vida les fuera en ello y aquel día por primera vez en tres meses, todos colaboraron como uno solo. Los gritos de victoria bien se podría decir que recorrieron todo el planeta, pero sin duda una de las cosas más recordadas fue que Joan cumplió con su promesa.

Cuando el ejercicio finalizó y regresaron a la base, todos sabían ya de su insubordinación. Recluidos en su barracón durante casi una hora, los Zillo aguardan a la espera de ordenes. Tyria tiene la intención de asumir toda la responsabilidad, pero Kelan con cuatro sencillas palabras deja bien presente lo que todos opinan.

-Una unidad, un destino.

La noche es fría, quizás la más fría que Tyria recuerda haber vivido jamás. La figura de Casius Dret bañada por la luz plateada de la luna, le otorgan a su apariencia un aire espectral. Tras él se haya Aislen en posición de descanso, salvo que en esta ocasión su armadura es diferente. Ya no posee ese toque ornamental, sino que es la armadura de un verdadero guerrero. Tal es el cambio en su presencia, que ahora sí que parece un verdadero soldado. La unidad Zillo en cambio, no porta armadura alguna, pues se las han retirado.

-Traición, sublevación y caos, son las tres palabras que han llegado hasta mí. Tyria Zayne un paso al frente, tienes mucho que explicar.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Tyria Zaine » Dom, 13 Oct 2013, 14:29

Tyria nunca había tenido miedo a las consecuencias de una acción que ella consideraba justa. La prueba de ello había sido su exilio al planeta donde fue destinada, por no haber aceptado que su superior se metiera en sus pantalones.

Aquel acto tan solo reafirmaba lo que ella era: Una luchadora que no estaba dispuesta a permitir que soldados excepcionales, con una brillante carrera por delante, desperdiciaran sus vidas tan solo porque a alguien sin dotes de mando, sin ningún tipo de conocimiento estratégico y sin un ápice de sentido común, le gustara jugar a ser un Dios. Si era la muerte lo que le esperaba tras su insubordinación, la aceptaría con una sonrisa en los labios, puesto que, sin lugar a dudas, aquel combate sería uno memorable.

Y efectivamente así fue. Sus hermanos mandalorianos, aceptando las órdenes de la joven Zeltron, brillaron con luz propia, mientras el enemigo sucumbía uno a uno ante su fuerza de choque. Todos dieron el doscientos por ciento de sus capacidades, y sus sonrisas fue paga suficiente para lo que acababa de hacer… Desde luego, la mujer de piel granate no estaba dispuesta a permitir que ninguno de aquellos hombres por los que se había sacrificado con gusto, pagara por una decisión suya y por sus acciones posteriores. Ella era la orquestadora de esta maniobra, y ella era la única responsable.

Bajo su mando fueron imparables. Tras sopesar las alternativas a su disposición, ella aceptó rápidamente la línea de acción sugerida por su unidad que le resultó más brillante, desestimando aquellas que ofrecían un riesgo demasiado grande para la misión. Tras analizar al enemigo, comprendió que el escuadrón Bantha seguía a rajatabla las técnicas de la república, por lo que modificó la ofensiva para hacerles creer que, inicialmente, se enfrentarían a soldados republicanos, variando la estrategia en último momento y combinando el estilo mandaloriano con algunas ideas, tanto de cosecha propia, como propuestas por sus chicos.

Otra ventaja determinante, la proporcionó el hecho de que cada soldado pudiera sacar el mejor partido a las armas que poseía y, a pesar de que la Zeltron estaba de acuerdo con Casius Dret en su idea de que no debían estancarse en lo que ya sabían, también estaba de acuerdo con él en el hecho de que debían desarrollar todo su potencial. Que Elka le ofreciera la segunda presa del día, le hizo sentir una extraña satisfacción, puesto que supuso que la primera se la atribuían a ella. Por esa razón, cuando Joan le usurpó el “honor” de cargar a hombros con su jefe de unidad, protestó un poco, pero sin poner demasiadas objeciones. Haciéndose la ofendida, le dijo antes de ponerse en marcha – Espero que te olvides de quitarte la armadura cuando te mees en la bandera de los Bantha, así podré reírme a tu costa por tu cabezonería.

La victoria no se hizo de rogar. La unidad Zillo estuvo simplemente espectacular, demostrando que no importaba el número, el equipamiento o la posición del contrincante. Ningún enemigo era tan temible como un grupo de auténticos mandalorianos en acción, entregados en cuerpo y alma, donde la misión era más importante que sus propias vidas… En esos momentos el castigo no importaba, puesto que aquí y ahora, en su pequeño infierno particular, habían demostrado ser la fuerza militar más mortífera de la galaxia…

La noche llegó y, mientras esperaban en silencio el inminente castigo, un vínculo especial se forjó entre todos. La joven mandaloriana miró a Kelan, asintiendo a sus palabras sin decir nada. No importaba lo que quisieran, puesto que ella no les dejaría caer a su lado. Cuando el momento llegara, no les permitiría asumir la culpa de su insubordinación.

Finalmente el mismísimo Casius Dret, seguido de un Aislen totalmente distinto, le ordenó que diera un paso al frente. Tyria se alegró, puesto que parecía que sus suposiciones se confirmaban. Su jefe de unidad posiblemente no era el inútil que pretendía ser, sino que estaba probándoles con algún tipo de propósito.

Tan solo su nombre fue requerido por su superior. Aquello le hizo sonreír para sus adentros mientras avanzaba. Estaba deseando que aplicaran su castigo de una vez, aunque sabía que tenía que ser muy cuidadosa escogiendo sus palabras, para que indultaran a su unidad. Miró fijamente a los ojos de Casius Dret. Realmente era un honor poder recibir el máximo castigo de boca de una leyenda. Ella jamás hubiera imaginado que algo como eso fuera posible, por lo que, en lo más profundo de su alma, se sentía satisfecha.

Con la voz más marcial de la que fue capaz, respondió a las acusaciones que se le increpaban - ¡Señor! Asumo toda la responsabilidad de mis acciones y acataré cualquier castigo que se me imponga, pero quiero que conste que no he cometido ningún acto de sublevación, puesto que seguí estrictamente sus ordenes cuando nos indicó que debíamos destruir nuestras debilidades y fortalecer nuestras virtudes. Tras analizar todas las posibilidades a mi alcance y tras repasar todas las estrategias, llegué a la conclusión de que las tácticas de combate del jefe de unidad Zillo, eran esa debilidad – Afirmó centrando intensamente su mirada en Aislen – También quiero que conste que soy yo, y solo yo, la única responsable de esta decisión, por lo que le pido que se me imponga el castigo que considere conveniente, únicamente a mí. Si aun así considera que la unidad al completo merece un castigo, estoy dispuesta a afrontar todas las sanciones individuales que desee aplicarle a mis hombres ¡Señor!

Tyria palideció tras pronunciar aquellas palabras. La Zeltron no pretendía referirse a ellos como “sus hombres”. Estaba segura de que aquello había sido un grave error, aunque continuó con el semblante impasible ante la respuesta de sus superiores.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Kildan » Dom, 13 Oct 2013, 22:48

Privados por primera vez en meses de las pesadas armaduras, la unidad Zillo se enfrenta al intenso frío ataviados únicamente, con un sencillo mono de color oscuro. La sensación es extraña, pues han pasado tantas horas con aquellas armaduras, que ahora se sienten desnudos sin ellas. Aunque no parece que eso les moleste demasiado, pues desde hace tres meses, aquel es el único día en el que Tyria ha podido contemplar en las miradas de sus compañeros, lo que es el orgullo y la confianza. Tras ella no están los mismos hombres y mujeres que conoció tres meses atrás. No, tras ella se encuentra ahora fieros guerreros que serían capaces de plantar batalla a todo un batallón con tan solo sus puños. La victoria que obtuvieron pocas horas antes, ha hecho que todos ellos revivan. Es como si todos y cada uno de ellos, hubiese recogido los pedazos de sus almas y los hubiesen recompuesto dando lugar, al renacimiento de nuevos depredadores. Sienten que han purgado de sus almas, todo aquello que los mantenía esclavizados, por primera vez en todas sus vidas, se sienten realmente libres.

-Con el debido respeto, antes tendrían que congelarse todos los soles, a que yo permita que alguien asuma un castigo por mis acciones.

Joan da un paso al frente y se sitúa junto a Tyria a la vez que vuelve la mirada hacia ella y asiente con la cabeza. Impulsivo, fuerte y con una vena un tanto violenta, Joan no solo era experto en explosivos, sino también el encargado de portar el armamento pesado. Era el poder destructivo que cubría a sus compañeros y eso era justo lo que pensaba hacer ahora.

-Venga, pásamelo de una vez y acabemos con esto.
-Tras volverse hacia el Zabrak y efectuar dos rápidas palmadas para dar mayor énfasis a su petición, recoge al vuelo un pequeño proyector que le arroja Mithren. Tras activarlo se puede ver una grabación en la que todos y cada uno de los miembros de la unidad Zillo, efectúa un disparo con una pistola blaster, al cuerpo inconsciente de Aislen. Por supuesto las armas están en modo de aturdimiento, pero eso no les exonera de disparar a un superior.

-¿No lo sabe comandante Dret? En la unidad Zillo existe un dicho. Una unidad…

¡UN DESTINO!

El grito surgido por una decena de voces al unísono es ensordecedor. Pero como si aquello no fuese suficiente, el resto de la unidad Zillo da un paso al frente para colocarse junto a Tyria. A su diestra se coloca Kelan quién asiente con la cabeza para indicarla que no importa lo que suceda, sea cual sea el castigo todos lo recibirán por igual.

Sin haberse dado cuenta, toda la unidad Zillo ha forjado entre ellos unos lazos tan fuertes, que resultan sencillamente irrompibles. Juntos han padecido más tormentos que un millar de soldados. Han caminado y combatido juntos hasta las propias fauces del infierno dejando tras ellos, un reguero de su propia sangre y sudor. No es la falta de la armadura lo que les hace sentir tan ligeros, sino el haberse librado del peso que cargaban en sus almas. El hambre, el sueño, la sed o el dolor ya no significan nada para ellos. Antaño era el deshonor el ancla que les impedía salir a flote, pero ahora han descubierto que ha sido su propio honor lo que les ha llevado a la victoria y a descubrir quienes son realmente.

En silencio aguardan el castigo que crean oportunos, pero ya no existe nada que pueda dañarlos. El dolor es su aliado, les indica que aún no han muerto y que aún pueden lograr la victoria. La amenaza del deshonor ya no tiene poder sobre ellos, pues no les importa lo que otros digan sobre ellos, lucharan hasta el final para demostrar a todos, que son verdaderos mandalorianos. Por último podrían castigarles con la muerte, pero para la unidad Zillo, la muerte ya no significa nada. No la temen, pues han contemplado tan cerca su rostro en las últimas semanas, que se han convertido en sus amantes. En pocas palabras, no existe castigo capaz de destruir lo que aquellos mandalorianos son ahora.

El semblante de Casius parece esculpido en piedra mientras contempla la holograbación. Asilen en cambio, se permite una ligera sonrisa en los labios. Como si el mero hecho de haber sido disparado tantas veces le divirtiese. La escena que se reproduce ante los ojos de Tyria solo ha podido realizarse cuando Kal Decos la guió hasta la pequeña sala de comunicaciones de la base Bantha, para que informase del éxito de la unidad Zillo. En pocas palabras, Kal Decos actuó como distracción para que el resto de la unidad pudiese hacer la grabación.

-Tan solo en la desesperación, cuando no nos queda absolutamente nada, somos capaces de descubrir quienes somos realmente. La unidad Zillo ha sido llevada hasta más allá de sus límites. Trece….trece han sido los que intentaron formar parte de la unidad Zillo y fracasaron, incluso tres perecieron durante los entrenamientos o al menos, eso fue lo que os hicimos creer. Vuestro jefe de unidad, es en realidad miembro de la unidad Nexus, una de las primeras en licenciarse. Aislen junto a tres de sus mejores hombres, se infiltraron en la unidad Zillo con un único fin, llevaros al borde de la locura, del agotamiento y del dolor. Sus muertes fueron orquestadas bajo mi mando para dañar vuestra moral.

Tras las palabras de Casius, Aislen realiza una señal. Tres mandalorianos descienden usando sus jetpack y se colocan junto al antiguo jefe de unidad Zillo. Tyria no los conoce, pero por las expresiones de algunos miembros de su unidad, está claro que esos tres mandalorianos son a los que creían muertos.

-Todo lo que habéis sufrido y vivido estos meses, tenía como objetivo haceros más fuertes y convertiros en algo más que un soldado. Pero para ello debíais de iniciar un camino interior, que os enfrentaría a vuestros propios demonios.

Con pasos lentos pero firmes, Casius avanza hasta colocarse frente a Tyria. La gélida mirada del mandaloriano porta durante un instante, un brillo de orgullo.

-Tan solo ahora que habéis purgado de vuestro ser las impurezas que os impedían alcanzar la perfección, podremos comenzar con el verdadero adiestramiento de combate. Pero pese a todo, no puedo permitir que tus actos sean ignorados Tyria Zaine. Debo de impartir un justo castigo, así pues de ahora y hasta el día de tu muerte, serás la nueva jefa de la unidad rancor. Tuya es la responsabilidad de que la unidad Zillo viva o muera, logre la victoria o sucumba a la derrota. ¿Alguna objeción?

La férrea mirada de Casius recorre a la unidad Zillo, pero nadie, absolutamente nadie se opone al ascenso de Tyria. Más bien es al contrario, pues la unidad Zillo jamás seguiría a nadie más al combate.

-Has renacido Zaine. Al llegar aquí no eras más que una muchacha con sueños de gloria. Pero te has convertido en el alma de la unidad Zillo y has logrado encontrar tu potencial.

Tras aquellas palabras, es el propio Casius Dret quien coloca los galones a Tyria. De aquella forma queda marcada para todos, como la nueva líder de la unidad Zillo. De alguna forma todos comprenden cual ha sido la intención de Casius desde el principio. Su deseo siempre ha sido el de reunir a los mejores y convertirles en leyendas vivientes. Pero sabe que en muchas ocasiones, es difícil hacer que los soldados combatan como hermanos y ya no digamos, que acepten las órdenes de alguien a quien no respetan. Por ello creó todo aquel entrenamiento preliminar. Les hizo pasar por algo que cambiase su perspectiva de la galaxia y les empujó a estrechar los lazos que les unían. Aunque pocos eran capaces de lograr llegar hasta el final de aquel infierno, ellos lo habían logrado y había ocupado el lugar que les correspondía.

Pero aquello no acaba allí, una tras otra, el resto de las unidades forman alrededor de la unidad Zillo. Cuando por fin están al completo toda la base, el lugar queda sumido en la oscuridad. Tras unos intensos minutos en silencio bajo el manto de la oscuridad, Casius toma una antorcha y la arroja al suelo. Un círculo de fuego se extiende entonces alrededor de la unidad Zillo.

-Tyria Zaine, líder de la unidad Zillo, acércate.

Para Casius lo que la unidad Zillo acaba de hacer, era digno de ser celebrado. Aquellos hombres y mujeres habían logrado superar la parte más difícil del adiestramiento y se sentía muy orgulloso de ellos. Por ello había creado esa ceremonia. Allí, frente a todo el personal de la base e iluminados tan solo por aquel círculo de fuego, Casius les otorgaba lo que se habían ganado por derecho propio.

-Te adentraste en los abismos de la desesperación, combatiste contra tus propios temores y lo sacrificaste todo por salvar a tus hermanos. Has forjado los lazos que crean no una unidad de combate, sino una familia.

Mientras recita aquellas palabras, Aislen ayudado por sus tres hermanos de unidad, visten a Tyria con su nueva armadura, la armadura de un verdadero mandaloriano. Pero es Casius quien le coloca el casco dando así lugar, al verdadero renacimiento de Tyria Zaine.

-Tyria Zaine has logrado unir a la unidad Zillo y convertirla en una familia. Tuyo es el derecho de hacerles entrega de su casco, así como de otorgarles el renacimiento.

Dando un paso atrás, Casius será ahora quién le entregue el casco a Tyria, para que ella misma se lo coloque a sus hombres. Así uno tras otro, los miembros de la unidad Zillo van pasando, siendo investidos por Aislen y renacidos por Tyria.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Tyria Zaine » Dom, 27 Oct 2013, 20:27

Tyria expuso que deseaba asumir toda la responsabilidad de lo ocurrido, sin flaquear lo más mínimo, sabiendo que de seguro sería condenada a la pena máxima. Hacía tiempo que había tomado esa decisión, y esperaba recibir su castigo con la cabeza muy alta. Por todo ello, cuando Joan pronunció aquellas palabras, la joven Zeltron arrugó la frente en señal reprobatoria. Se había tomado demasiadas molestias para que, en el último momento, lo estropearan todo por un estúpido sentimiento de camaradería.

Se encontraba perdida en dichos pensamientos cuando, de repente, aquel pequeño proyector pasó ante sus narices, como en cámara lenta, hasta aterrizar en las manos de Mithren. Lo que aquellas imágenes mostraron, echaba por tierra cualquier posibilidad de redención para los miembros de la unidad Zillo. La mandaloriana contempló con la boca abierta como la habían engañado para poder llevar acabo aquella fechoría, sin que ella se diera cuenta de nada, y como la miraban con el típico rostro del niño que sabe que ha hecho algo malo, pero a la vez se siente orgulloso de ello. La sola idea de que sus carreras quedaran reducidas a cenizas, porque ella no fue lo bastante inteligente como para verlo venir, le llenaba el corazón de amargura.

Cuando kelan se situó a su derecha, la mujer sintió el impuso de golpearle en el estómago hasta hacerle hincar la rodilla en el polvo, pero lo único que alcanzó decir, sabiendo que el resto de los presentes entendería su frustración fue:

- Loco… ¡Sois todos unos necios!

Pero fue en ese preciso momento cuando Casius Dret comenzó a hablar. Sus palabras fueron recogidas por el grupo con una mezcla de incredulidad y asombro, a medida que su discurso se extendía. Todas sus penurias y todo su sufrimiento habían sido orquestados con un propósito muy concreto, que seguía siendo un enigma para la joven soldado. ¿Por qué habían querido que únicamente la unidad Zillo de entre todas las unidades existentes en aquel infierno, terminara al borde de la desesperación? ¿Por qué habían deseado minar sus esperanzas, sus ánimos y consumir sus propias almas hasta el punto de fingir las muertes de sus propios compañeros? La respuesta acudió a los labios de su superior, como si éste hubiera escuchado los pensamientos de su subordinada: “Para hacerles más fuertes y convertirles en algo más que un soldado”… Aquello cobraba un significado en sí mismo, pero estaba lejos de ser una respuesta de una sola cara. La mujer sintió un cúmulo de nuevas incógnitas agolpándose en sus sienes, a pesar de que en aquellos momentos no disponía de tiempo para darles forma.

Al situarse junto a ella y proclamar el castigo, Tyria percibió como su respiración se aceleraba y como la sangre hacía palpitar su corazón con fuerza. “Hasta el día de tu muerte serás la nueva jefa de la unidad Zillo. Tuya es la responsabilidad de que la unidad Zillo viva o muera, logre la victoria o sucumba a la derrota”… “Hasta el día de tu muerte”… “Hasta el día de tu muerte”… “De tu muerte”…

"¿Alguna objeción?" La Zeltron tardó varios segundos en reaccionar ante aquella pregunta. ¡Dioses! Tenía mil y una duda que exponer, desde por qué premiaba la insubordinación con un ascenso, hasta qué implicaciones tenía aquel puesto permanente. Ella no deseaba ser la responsable de las vidas de sus compañeros, y sabía que, al menos dos de los miembros de su unidad estaban mejor cualificados que ella para esa labor. Lamentablemente también sabía que este no era ni el momento ni el lugar para esclarecer nada.

-¡No señor! – Se oyó decir mientras pasaba una fugaz mirada por sus nuevos hermanos, y se cuadraba para recibir los galones. Pero la ceremonia no terminaba aquí. Tras recibir aquel reconocimiento que no merecía, la nueva líder de la unidad Zillo contempló con asombro como toda la base se había unido a la ceremonia.

Sus ojos resplandecieron con el fuego generado por aquel círculo, que le pareció lo más hermoso que jamás había visto en su vida. De él surgió una nueva guerrera, alguien forjada con la determinación y el coraje, alguien que estaría dispuesta a sacrificarlo todo por proteger y honrar a sus hermanos, y por morir por su honor y su Mandalore.

La joven líder, tras recibir el casco de manos de Casius Dret, se acercó uno a uno a sus hombres. Con una mirada de intenso orgullo que ocultaba la sonrisa que hubiera deseado mostrarles, les fue ungiendo con su nuevo destino.

Bajo ese círculo sagrado, la joven líder se hizo una promesa silenciosa: A partir de este día la unidad Zillo sería temida y respetada por toda la galaxia.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Kildan » Mar, 29 Oct 2013, 19:18

Tras aquella ceremonia, el trato que la unidad Zillo recibió fue totalmente diferente. Ya no recibían órdenes sobre como tenían que actuar, en lugar de ello, los instructores pasaron a tratarles como hermanos y a enseñarles cuanto podían. A su vez y a diferencia de antes, también se centraron en potenciar las capacidades que cada soldado poseía. Incluso el propio Casius Dret comenzó a pasar tiempo con ellos, adiestrándoles en estrategia militar.

Un mes más tarde, de nuevo formaron un círculo de fuego, salvo que en aquella ocasión, ellos fueron tan solo testigos de la graduación de una de las unidades. Fue una ceremonia sencilla en la que cada miembro recibió un obsequio del propio Casius Dret. Dos días después la unidad embarcó abandonando el campo de adiestramiento. Tres semanas más tarde Tyria obtuvo algunas respuestas a las dudas que la devoraban por dentro.

Un nuevo trasporte llegó con nuevos reclutas. En otro tiempo le habrían parecido fieros soldados, pero ahora tan solo veía debilidad en ellos. Algo había cambiado en su interior después de sufrir lo inimaginable y ahora, su fortaleza era tan poderosa, tanto física como mentalmente, que estaba segura de poder vencer a todos aquellos reclutas con una sola mano. Pero lo que realmente le llamó la atención, fue el reconocer a uno de los reclutas, como uno de los hombres de Aislen. Quien a propósito, se unió a la nueva unidad portando de nuevo su brillante y ligera armadura. Aquel hombre que durante las últimas semanas se había mostrado como un fiero mandaloriano, volvía a ser aquel jefe de unidad engreído. La habilidad de Aislen para adoptar aquel papel era sencillamente impresionante, tanto que incluso la costaba creer que fuese en realidad uno de los guerreros más mortíferos de la base.

Tras observar como la unidad comenzaba a sufrir bajo las órdenes de Aislen, Tyria comprendió que pese a que existen cinco barracones en la base, realmente tan solo cuatro unidades son adiestradas de verdad, mientras que el quinto, es puesto a prueba llevado hasta el límite para ver de que están hechos. El primer y mayor desafío que Casius Dret impone a sus reclutas, es la ser llevados hasta el límite y renacer como verdaderos guerreros. Sin duda era un método peculiar que destruía la vida de muchos, pero a cambio, aquellos que lograban pasarla, renacían con una perspectiva y una fuerza interior prácticamente indomable.

La unidad contemplaba a los reclutas de Aislen casi como si fuesen hormigas. Les veían sufrir y fracasar donde ellos habían logrado la victoria y eso pese a lo que pudiesen pensar el resto, les hacía sentirse orgullosos de su logro. Por otro lado, la unidad Zillo, una de las unidades sobre la que Casius tenía más esperanzas y que por ello era una de las que más habían sufrido, se alzó como una de las más mortales y fieras. Bajo el liderazgo de Tyria, la unidad Zillo comenzó su ascensión hacia la logria. No volvieron a desobedecer una orden de su jefa de unidad y aceptaron siempre cualquier castigo que esta creyese oportuno que sufriesen. Por su parte, Tyria, recibía puntuaciones después de cada prueba y ella era libre de repartir los puntos como creyese conveniente. De nuevo, nadie contradijo jamás sus decisiones.

Los meses fueron pasando y los lazos de la unidad Zillo se hicieron cada vez más fuertes. Ya no solo tan solo entre ellos, sino también con el resto del personal de la base. Cuanto más avanzaban en su adiestramiento, mayor era el tiempo que pasaban con el propio Casius Dret. Los entrenamientos y las pruebas pese a ser muy duros, no eran nada en comparación a lo que habían pasado, por ello la unidad zillo comenzó a batir los records de la base. Un año después cuando la unidad Zillo fue graduada, habían logrado las mayores puntuaciones de toda la historia de la base. Aquel fue el verdadero principio de la leyenda de la unidad Zillo o al menos de la gran mayoría de sus miembros. Pues Kal Delcos permaneció en la base para ayudar a instruir a los nuevos reclutas.

Aquella fue la época dorada en la vida de Tyria Zaine. Una joven Mandaloriana que había logrado con el sudor de su frente y derramando su propia sangre, convertirse en una leyenda viva para su pueblo. Los éxitos de la unidad Zillo en combate comenzó a recorrer los planetas. Su mera presencia era ya más que suficiente para que planetas enteros se rindiesen sin ofrecer resistencia, algo que sin duda les disgustaba, pero no había honor en masacrar a un enemigo que teme combatir. Por ello finalmente todos ellos recibieron la invitación de unirse al clan Dret y formar parte de la familia del propio Casius Dret.

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Casius Dret...Casius Dret...Casius Dret....

Aquel era el hombre que la había enseñado cuanto sabía, que la había entregado un propósito, una familia para después, arrancárselo todo, incluso su propia alma. Ahora aquellos que habían sido sus amigos, su familia, yacían muertos traicionados por Casius Dret. Tal vez por eso aún sigue viva, tal vez el odio que siente es tan fuerte que la impide morir y por ello...despierta.

Los ojos de Tyria se abren sobresaltados recordando el enfrentamiento con Hasslan y como la muerte la acechaba. No está segura de donde está ni como ha llegado, tan solo que se encuentra sumergida en un tanque bacta. Pero apenas despierta un droide médico la observa desde el exterior del tanque.

-Tranquilícese, está en un lugar seguro. Procederé a vaciar el tanque bacta y después examinaré sus heridas. La ruego que no se agite ni se mueva, hasta comprobar su estado.

Minutos después y tras el examen del droide médico, este le indica que está en perfecto estado, pero que la convendría descansar. Tras entregarla ropa para que pueda vestirse, la guía hasta una pequeña sala de espera, donde se encuentra un rostro conocido. Trickster parece respirar aliviado al verla de nuevo en pie, por las marcas de su rostro, parece que estaba muy preocupado por ella.

-Me alegro verla de una pieza, pensé que esta vez sí que deseaba dejarme toda la diversión a mí. Ya sabe, que fuese tan solo yo quién vengase a nuestros camaradas. Tengo su equipo preparado señor, así como una buena comida, supongo que estará hambrienta.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Tyria Zaine » Vie, 01 Nov 2013, 22:12

Su época dorada se repetía de nuevo en sueños. Todo su sufrimiento, todo el sudor de su frente, todos sus logros…. El tiempo que había pasado en la academia había sido el más importante de toda su vida. Tanto, que había dejado de pertenecerle, puesto que hubiera dado gustosa todo lo que era tanto por su superior, como por cada uno de los hombres que componían su unidad.

Tyria nunca tuvo una imagen de sus padres. Fue recogida en un erial sembrado con los muertos de aquellos que, seguramente, conformaban su aldea y su familia. Recordaba que, durante el transcurso de sus primeros años junto a los Mandalorianos, había soñado que, algún día, volvería para tratar de localizar sus tumbas, con la esperanza de encontrar su verdadero nombre, o de que alguno de ellos hubiera sobrevivido a la catástrofe… Pero aquel sueño fue desapareciendo a través de años de instrucción, donde el Mandalore había pasado a conformar todo su universo.

Desde entonces se consagró en cuerpo y en alma a la batalla, pero, cuando por fin consiguió liderar sus propias tropas, la joven Zeltron pudo enorgullecerse tanto de sus actos como de sus estrategias, puesto que su forma de luchar siempre fue justa, otorgando el honor que ella hubiera deseado obtener de sus enemigos en cada combate, y demostrando clemencia a quien era merecedor de ella. Ninguno de sus enemigos pudo decir nunca que obtuvo un trato injusto, o una muerte deshonrosa ¿Por qué entonces, la persona a la que más admiraba por encima de todo, y por la que hubiera dado su vida sin cuestionar nada, la condenó a ella y a sus queridos hermanos a una muerte tan ignominiosa?

¡Casius! Él había sido un padre para ella y un hombro en el que apoyarse, mucho antes de que aceptara el honor de unirse al Clan Dret. Todos los años bajo su mando habían sido un regalo preciado del que se sentía henchida de orgullo ¿Por qué él de entre todas las criaturas de la galaxia, había decidido enviarles a aquella misión de extracción para, tras su exitoso regreso, anegar los respiradores de sus trajes con gas venenoso? ¡Nada tenía sentido! Ella se hubiera unido a su causa si él le hubiera explicado la verdad. No solo eso, tanto ella como sus hombres se hubieran quitado la vida voluntariamente ante una orden suya, sin cuestionar sus motivaciones.

En lugar de ello, a cambio de su inquebrantable lealtad, decidió regalares la más traicionera de las muertes. Si no hubiera sido porque kilan descubrió una irregularidad en sus trajes en el último momento, y comenzó reparando el respirador del casco de su líder y el suyo propio, ahora ambos estarían acompañando a sus hermanos en el descanso eterno…

Pero ahora, ni siquiera podría llegar a descubrir el fondo de todo esto, puesto que ella había sido derrotada por el único hombre al que había empezado a amar. Un hombre que había despertado la esperanza en ella, hasta el punto de empezar a creer que podría llegar a tener una vida, e incluso un final feliz, tras completar su misión. Había caído, y quizá el recuerdo de sus días de gloria, eran la recompensa por tratar de obtener justicia para sus hermanos abatidos. Quizá, después de todo, se merecía pasar el resto de su no-existencia siéndose plena…

Tyria abrió los ojos. Estaba flotando en un líquido viscoso, y el recuerdo de las manos del Twi’lek descargando rallos en su cuerpo hasta desgarrar su piel, le resultó tan vívido, que las nauseas casi la hacen vomitar. Afortunadamente se encontraba sumida en bacta, puesto que hubiera odiado que, incluso el droide que la observaba a través del cristal, percibiera que estaba llorando. Quería gritar a pleno pulmón, descargando el dolor que amenazaba con aplastar su alma y que oprimía su corazón, pero, independientemente de que fuera imposible en la condición en la que se encontraba, aquello hubiera sido un signo de debilidad que no podía permitirse.

Según las indicaciones del droide médico, la antaño hermosa mujer, mantuvo la calma mientras era extraída del tanque y examinada. No quiso decir una palabra, y agradeció que no hubiera espejos en la sala, por miedo a lo que encontraría. Su último recuerdo había sido sentir como sus ojos se cocían en sus cuencas, mientras un dolor extremo la inundaba hasta hacerle perder el sentido. Tyria nunca había sido vanidosa, pero siempre había considerado su innegable belleza, como una herramienta muy útil para conseguir lo que se propusiera. Ahora, seguramente, tendría que contar con diferentes recursos, en el hipotético caso en que no fuera prisionera de su ex amante.

La Zeltron no quería reconocerlo, pero sentía un miedo instintivo, ante la idea de que volvieran a encontrarse cara a cara, puesto que, a pesar de todo, se había dado cuenta de que realmente le amaba, a pesar de que, precisamente ahora, era totalmente imposible que sus destinos pudieran llegar a estar unidos.

Tras vestirse toscamente, y acompañar a su “doctor” hasta la habitación contigua, la mujer vio con una mezcla de asombro y alegría, que el Zabrak se encontraba vivo frente a ella. Inmediatamente, su cerebro empezó a elucubrar. Si él estaba allí, lo más seguro es que ambos fueran prisioneros de Hasslan, aunque también cabía la posibilidad de que el señor Tar se hubiera marcado un farol cuado afirmó que le habían atrapado, y Trickster la hubiera encontrado después de que la dieran por muerta. En cualquier caso, no tardaría en averiguarlo, por lo que, ante las palabras de su hermano de unidad, tan solo se limitó a contestar con el mismo aire marcial que el Zabrak empleaba con ella, ignorando el rugido de su estómago.

-No es venganza lo que buscamos, sino justicia, así como conseguir desentrañar la verdad. Espero no tener que corregirle de nuevo con respecto a los objetivos de nuestra misión, soldado. Ahora, hágame un informe completo de la situación. Ya habrá tiempo para todo lo demás.

Tyria se sintió extraña. Hace mucho que no empleaba ese tipo de vocabulario. Los lazos entre ellos eran tan intensos, que resultaba totalmente innecesario. No obstante, el zorro de Mithren parecía leer sus pensamientos, puesto que si no hubiera sido por aquello, quizá su determinación se hubiera roto en mil pedazos.
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Re: [Capítulo 1] Resurrección (Tyria Zayne)

Notapor Kildan » Sab, 02 Nov 2013, 20:02

Un ligero picor junto a una extraña sensación de hormigueo en la cara, indican a Tyria que el efecto de los calmantes empieza a pasar. No está muy segura de si esa sensación es algo bueno o malo, pero lo que sí es un tanto inquietante, es el parche que lleva colocado sobre el ojo izquierdo. Se trata de algún tipo de mecanismo médico que sigue trabajando sobre su ojo, pero por el momento, no sabe con certeza si lo perderá o no. Aún así aguanta el tipo como la mortal figura que es y se prepara para escuchar las palabras del Zabrak. Quién se cuadra ante la réplica de su superiora adoptando una posición de firme.

-Por supuesto señor, escogí mal las palabras, un error que no volverá a suceder, señor.
-Tras tomarse unos instantes para aclararse la garganta, comienza hablar. -Cuando perdí la conexión y no pude restablecerla activé el protocolo pertinente y me dirigí a su última posición. Poco antes de llegar, logré reestablecer contacto y me dispuse a retirarme, cuando detecté que alguien estaba rastreando mi señal. Así que usé mis habilidades para guiarles hasta un piso trampa que tengo para ocasiones así, mientras rastreaba el origen de quien me estaba rastreando. Cuando tiempo más tarde solicitaste apoyo, yo estaba cerca, pues la señal provenía de aquella vieja cantina. Era alguien bueno, muy bueno en realidad, pero yo lo soy mejor. El resto de la historia ya la conoce señor, envié a los droides mientras me posicionaba como francotirador. Pero al ver que la cosa se había complicado descendí para entrar en acción, pero ya era tarde. Usando una carga explosiva volé una de las paredes de la cantina y arrojé varias granadas de conmoción y gas al interior. Aprovechando el caos reinante, me abrí paso hasta donde se encontraba y la saqué de allí. -Volviendo la mirada hacia Tyria y recuperando poca a poco parte de su verdadera personalidad, continúa hablando. -Supongo que mi atractivo debe de deslumbrarla, porque tuve que reanimarla en dos ocasiones. Por si no lo sabes, existen mejores maneras de conseguir un beso. -Tras aquel pequeño toque de humor, el Zabrak continúa con su relato. -Logramos llegar hasta un médico que me debía algunos favores donde tras varias horas de operación, logró estabilizarte. Aún así el pronostico no era especialmente bueno...Pero un día después un hombre vino a vernos. Me ofreció los mejores cuidados médicos que los créditos podían pagar a cambio de una única cosa, que una vez recuperada, accedieses a reunirte con su jefe. Sin letra pequeña ni nada por el estilo, simplemente hablar con su jefe.

Tras llamar a la puerta, un droide entra en la estancia empujando un carro lleno de comida. Aunque más que alimentos, se tratan de los mejores manjares que uno puede llevarse a la boca. El droide la indica que debe de alimentarse y que si desea algo en particular, permanecerá fuera de la estancia y que bastará con que se lo comunique. Aún así, aquellos alimentos, traídos de al menos de una docena de mundos, son más que suficientes para alimentar a cinco personas.

-No tenía mucho tiempo para decidir, así que puedes imaginarte lo que hice...
-Continúa el Zabrak cuando el droide abandona la estancia. -Me permitieron estar presente en todo momento durante las operaciones siguientes que llevaron acabo. No he logrado averiguar quien es el gran jefazo, pero tiene unos recursos impresionantes. Te inducieron a un coma mientras aplicaban novedosas técnicas de clonacion e injertos, recomponiendo tanto la carne como los nervios perdidos durante el enfrentamiento. Fue una operación realmente larga, pero debo admitir que hicieron un gran trabajo, no han dejado ni un solo rasguño. Aunque hay una mala noticia...el ojo izquierdo quedó muy dañado y no están seguros de como será su recuperación. Creen que volverás a ver, pero no están seguros si la recuperación será del 100%. Es posible que puedas perder visibilidad o que incluso, las luces más intensas puedan cegarlo durante algunos minutos. De todas formas, están esperando a ver los resultados, pero aún así, en caso de que pierdas visibilidad, están hablando de una prótesis desarrollada especialmente para ti. He visto el prototipo y debo decir, que es impresionante. Amplificador de imagen, visión inflarroja, sistema de puntería y además, nadie notaría que se trata de un reemplazo cibernetico. No sé quien estará detrás de todo esto, pero sea quién sea, se está gastando muchísimos créditos en que vuelvas a estar al 100%. ¿Algún antiguo novio rico? ¿Sabe si tiene alguna hermana?
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