El Señor de las Versiones

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El Señor de las Versiones

Notapor Sir » Sab, 06 Nov 2010, 11:03

Un documento que me he encontrado por mi pc de hace años:


(Woody Allen, en el papel de Frodo, se halla mirando fijamente hacia el Monte del Destino, cuando repentinamente se vislumbra en la pantalla una explosión de lava y se realiza un primer plano del Ojo de Sauron. Frodo se marea y casi cae al suelo, pero Sam lo coge a tiempo en sus brazos)


SAM: ¡Señor Frodo! ¿Se encuentra usted bien? ¿Qué le pasa? Es el anillo, ¿verdad?

FRODO: Me encuentro fatal. ¿El anillo? ¡Cáncer! ¡Seguro que es cáncer! ¡Sabía que no debía fumar tanta hierba de pipa! ¡Por no hablar de las veces que he hecho de fumador pasivo con Gandalf! Ese cabrito lo inundaba todo de humo hasta que la habitación parecía un garito de mala muerte del Bronx. Y esta atmósfera, esta oscuridad y esas nubes negras, qué sensación tan opresiva. ¡Aire, necesito aire! Estoy... estoy en una pradera, hay verde por todas partes, soy un, soy un...un semental, eso es, soy un meara que corre por una verde planicie... Maldita sea, no funciona. Es todo por culpa de este puñetero plan. Esos elfos, tan altos y tan rubios y tan blancos... parecen todos nazis. Esto es todo una conspiración antisemita. Cuando se me cayó la copa de hidromiel en la mesa del concilio escuché bien a Elrond decirle a Gandalf, mientras me miraba con toda la intención: “jodío hobbit”. ¿Te das cuenta? “Jodío”, “judío”... es evidentísimo.

S: ¡Cálmese, señor Frodo, cálmese! ¡Tenemos que ponernos ya en camino! Deben de estar llegando ya a Minas Tirith los corsarios negros en los navíos griegos...

F: ¿Griegos? Esos cabritos eran todos homosexuales... Sófocles, Sócrates, Homero... menudas juergas debían correrse. Y hablando de otra cosa, cocinas igual que mi madre: hierves el conejo a las hierbas hasta quitarle todo el sabor a conejo y a hierbas. ¿Qué parte del viaje viene ahora? A ver, déjame leer qué pone aquí en la notita de Elrond: “...caminarás por el Valle de las Sombras de la Muerte...” Esto está mal. Querrá decir “correrás por el Valle de las Sombras de la Muerte”... Vaya hombre, se me ha desabrochado la capa élfica... Sam, ¿podrías sujetarme el pecho un ratito mientras me abotono?...


Woody Allen: Misterioso asesinato en Delagua
Cortesía de David Fernández




¿Dónde está el anillo, mata rile rile rile?

¿Dónde está el anillo, mata rile rile ron?

En el fondo del volcán, mata rile rile rile.

En el fondo del volcán, mata rile rile ron.

Chin pon.


Un olifante se balanceaba

sobre la tela de Ella-Laraña,

y como veía que no se caía

fue a llamar a otro olifante.

Dos olifantes se balanceaban...

Anónimo: Canciones infantiles gondorianas
Cortesía de Fernando Moreiras




Arwen se sentó en su sillón, sonriendo satisfecha. Hubiese bastado tan sólo que el más mínimo hilo se torciese, como empujado por la brisa de verano, para que todo hubiese resultado en el más terrible de los enredos que jamás pudo idear mente de mujer. Pero había sacado una valiosa lección de todo ello: con amor, esperanza y sensatez, se pueden resolver todos los problemas.

Tomó el prendedor de nácar y carey de su madre y lo depositó de nuevo en su joyero y, liberando su cabello, se encaminó hacia el cenador que su padre había instalado en el jardín norte. ¿Qué importaba que ellos nunca llegaran a saber que Sauron se fue, como prometió, con sus huestes, tras haber perdido aquel duelo de enigmas con ella? Se sonrió en sus adentros.

—Los Hombres son tan complicados... —murmuró.

—¿Qué decías, querida?

Un fuerte brazo la asió por la cintura. Su amor. Casi le había perdido en su ansia de encontrarle una pareja a la bella Eowyn. Pero ya nada tenía importancia, y ahora su buena y valiente amiga le estaba agradecida por haberle abierto los ojos sobre la conveniencia de un matrimonio con Faramir, y sobre lo feliz que éste la haría. Lo mismo sucedía con la lozana Rosita Coto, ¿quién sabe si habría aceptado casarse con el noble Sam sin su ayuda y consejos?

—Nada, mi amor. Me alegro que ya esté todo resuelto.

Aragorn tocó la punta respingona de la astuta nariz de Arwen:

—Mi pequeña intrigante. No cambies nunca.


Jane Austen: Arwen
Cortesía de Mariana González




Frodo abrió mucho los ojos y miró a sus ocho amiguitos, la nieve les llegaba casi hasta sus naricillas enrojecidas por el frío como grosellas maduras. Sentía cómo la moral de los demás estaba decayendo; recorrió sus caritas con la mirada y supo en qué estaba pensando cada uno: una merienda con leche caliente y mantecosa, pastelillos de arándanos, pastas de mermelada, y un buen pedazo del famoso bizcocho de maíz de la señora Peebody, todo en el porche del caserón del generoso padrastro de Trancos.

Bill, el pequeño poni de hocico suave y peludo estornudó entre la escarcha, sacándoles a todos de tan bella ilusión. El gruñón de Gimli murmuró algo para sus adentros, como era su costumbre, así que Merry se acerco a él conciliador, como pudo:

—¿Qué te sucede, Gimli? ¿Te has hecho daño? —Merry trató de sonreír para animarle, pero en realidad se sentía tan cansado y abatido que comprendía a su compañero. Su mellizo, Pippin, sólo tiritaba a su lado.

—No, no me he hecho nada, soy muy fuerte, ¿sabes? Pero sé que detrás de todo esto está la mano de ese malvado hechicero de Saruman. No nos dejará seguir adelante.

Frodo prestaba atención a la conversación, mientras que los chicos mayores trataban de ayudar a Bill a salir de su prisión de hielo. Seguro que Gandalf les sacaría de esta, el buen mago nunca les había defraudado, siempre tenía soluciones para todo. Buscó sus ojos grises bajo su capucha empapada, y al verlos ya supo lo que diría:

—Sabes que eres tú quien debe decidir, hijito...

Frodo pensó unos instantes, recordando las puestas de sol de Imladris, rojas como melocotones en mayo, cuando volvía de pescar en el Bruinen con Spot, su fiel labrador:

—Cruzaremos por Moria.

Gandalf bajó la mirada:

—Así sea.

Él sabía lo que temía... ¿Sería esta la última aventura del club de los 9?


Enyd Blyton: El club de los 9 y el misterio del anillo mágico
Cortesía de Mariana González




Al despertarme las nauseas volvieron. Me levanté tosiendo. Miré a mi alrededor. Seguía en las Ciénagas de los Muertos. Todo olía a mierda. Solo había mierda por todos lados. Sam se acababa de levantar, a juzgar por la evidente erección en su entrepierna. Siempre que se despertaba estaba así. La cabeza me dolía y todo daba vueltas. No debería haber abusado de la hierba para pipa y el alcohol ayer por la noche. Mi ropa estaba maloliente y rota, con restos de vómito solidificados y costras de roña. Abrí una lata de cerveza de lembas y le pasé otra a Sam. Gollum, haciendo su curioso sonido gorgoteante mientras se bababa encima, comenzó a hablar consigo mismo.

—Otra vez con el jodido delirium tremens —dije mientras me acababa la cerveza. Sam respondió con un sonoro eructo. Entonces me entraron ganas de mear.


Charles Bukowski: Escritos de un viejo hobbit indecente
Cortesía de Gaspar Rey




Smeagol el hobbit en su cumpleaños el muy pillo

recibió de regalo un bonito anillo

que se estropeó y chamuscó un poquillo

cuando lo tiramos con él al volcán al pobrecillo.


Tim Burton: La melancólica muerte de Chico-Gollum
Cortesía de Gaspar Rey




FRODO: Oh, dios mío, el señor Boromir... está muerto.

MERRY: (sollozando) Alguien lo ha ahogado con su capa élfica.

ARAGORN: Qué crimen más cruel, ¿quien habrá podido?...

SAM: (entrando apresuradamente) ¡Señor Frodo, señor Frodo! Ese viejo entrañable, el señor Gandalf...

ARAGORN: ¿Muerto también?

SAM: Así es. He encontrado su cadáver en el puente. ¿Como sabía...?

ARAGORN: Porque alguien está jugando con nosotros a un juego monstruoso... ¿No se han fijado en las nueve figuras de jinetes negros que están en la repisa de la chimenea? Por cada muerte, un jinete roto... Y ahora que me fijo, el poema tiene relación con cada muerte... fíjense...

PIPPIN: (leyendo) ...Nueve para los hombres mortales condenados a morir... ¡Es cierto! ¡Oh cielo santo es cierto! ¡Tenemos que salir de aquí!

GIMLI: Imposible. Toda comunicación con el exterior es imposible mientras el Kraken esté en las puertas. Estamos atrapados en Moria hasta descubrir al asesino...o hasta que nos mate a todos...


(Nota: el asesino es Gandalf que en realidad no estaba muerto)


Agatha Christie: Nueve negritos
Cortesía de Gaspar Rey




Eres Frodo Bolsón. En un devastador ataque el Señor de la Oscuridad ha destruido la Comarca, donde te entrenabas para aprender las disciplinas del Kai y convertirte en un señor del Kai. Eres el único superviviente. Juras tomar venganza de tanta destrucción. Pero antes debes emprender un peligroso viaje al Monte del Destino para destruir el anillo mágico que las huestes malignas estaban buscando. Tú eres ahora el último de los guerreros Kai, eres Frodo Solitario.


Te alejas de las ruinas y desciendes por la pendiente. Al pie de la colina el sendero se bifurca. Oyes unos ruidos como de galope que se acercan.


Si deseas tomar el camino hacia el bosque, pasa al número 85

Si deseas seguir el camino de la llanura, pasa al número 275

Si deseas esconderte y ver que ocurre, pasa al número 67

Si deseas utilizar el anillo mágico, pasa al número 300


Joe Dever: libro-juego de Frodo Solitario
Cortesía de Gaspar Rey




Me llamo Bolsón. Frodo Bolsón. 00Hobbit, con licencia para matar...


—¡Oh, Frodo! ¡Esta noche ha sido fantástica! Quédate conmigo en Lothlórien para siempre.

—No puedo, Galadriel. G, el Mago Gris, me ha asignado la misión de infiltrarme en Mordor y destruir el Anillo Único.

—Lo sé. Y cuando coja el Anillo de tu cadáver gobernaré en toda mi gloria y todos me amarán desesperadamente. Esta noche me ha llevado al cielo, Sr. Bolsón, pero ahora es usted quien irá allí.

¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!

—¡Arrrrgh!

Así que Galadriel era una agente doble. Vaya, vaya, qué desgracia. En fin, siempre he preferido los elfos agitados pero no revueltos, pero nunca me gustaron muertos.

Ian Fleming: Anillos para la eternidad




Ya era muy tarde, y todos se habían ido de la taberna, excepto el viejo que estaba sentado bajo las sombras que las hojas del mallorn milenario proyectaban a la luz de la luna. Los dos elfos que estaban en la taberna sabían que el viejo estaba algo bebido pero, aunque solía permanecer callado y ensimismado, también sabían que si se emborrachaba demasiado comenzaría a quemar cosas, así que no le quitaron la vista de encima:

—Está borracho —dijo uno de los elfos.

—¿Y a ti qué te importa?

—Murmura cosas sobre el fuego secreto.

—Déjale en paz. Solía llevar un anillo.

—Se quedará toda la noche. Nunca debería haberse reencarnado.

El viejo golpeó la mesa con su jarra. El elfo más joven se acercó a él:

—¿Qué quieres?

El viejo le miró:

—Otro míruvor.

—Vas a emborracharte —dijo el elfo.

El viejo miró para él. El elfo se marchó.

—Mira sus espesas cejas —le dijo a su colega—. No hay nada peor que un viejo. Se quedará toda la noche y no podré dormir.

El elfo cogió la botella de míruvor del mostrador de la taberna y se dirigió a la mesa del viejo. Fue vertiendo líquido hasta llenar la jarra.

—Nunca deberías haberte reencarnado —le dijo al viejo.

Ernest Hemingway: El viejo y el mal



Por una vez, Legolas se permitió el lujo de un pensamiento directo. ¿Qué clase de nueva traición era esa? Meditó sobre la figura que se aproximaba calmosamente hacia ellos entre la lejana neblina, mirándola con atención gracias a sus sentidos agudizados por años de entrenamiento élfico. Parecía... ¡no! Era algo imposible, debía tratarse de un espejismo. Tal vez los espías Nazgûl habían envenenado sus lembas.

Pero su yo interior sabía que las lembas no habían sido alteradas, y que la visión que había tenido no era sólo la de un futuro posible, sino la de un futuro inevitable. La figura se fue aproximando con decisión, y su sombrero picudo blanco presentó un intenso contraste con los océanos de agrestes bosques y montañas que había tras ella.

¡Gandalf vivía!

—Ya no soy Gandalf el Gris —entonó el hechicero, con la destiltúnica blanca brillando al calor diurno— . Tras la Prueba del Balrog he estado cerca de la muerte, ¡pero ahora el durmiente ha despertado! Ahora me llamaréis... ¡Gandalf Muad’Dib, el Mithrandir, el Lisan Al’Maia!

Frank Herbert: El mesías de Andúnië



Háblame, Musa, de aquel hobbit de multiforme ingenio que, después de salir de la plácida Comarca, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres, elfos y enanos, y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su viaje por la Tierra Media, en cuanto procuraba destruir el anillo y la vuelta de sus compañeros a la Comarca.


Homero: La Frodisea
Cortesía de Eva Almazán




Las aventuras de Merry el commarcario lo llevan cada vez más al sur. Tras asistir a la caída del brujo Saruman en las tierras de Orthanc, decide probar suerte como mercenario en el civilizado reino de Rohan, a las órdenes del rejuvenecido rey Théoden.



—¡Por el Segundo Desayuno!

El juramento salió de entre los apretados labios del joven hobbit con feroz sorpresa, mientras hacía maniobrar su felino cuerpo en el aire. Sabía que el extraño dios de los medianos no lo asistiría en ésta, sino que se contentaría con observar desde su gran mesa de la cocina, allá en la norteña Commarcaria, sin inmiscuirse en los asuntos de los mortales. Confiando en los músculos de sus cortas pero poderosas piernas, Merry aterrizó de pie, se agachó y asió su espada con fuerza. De un rápido vistazo sus sagaces ojos hicieron balance de la situación.

La batalla por la defensa de Minas-Tirith, entre Gondor y las huestes del brujo-demonio Toth Sauron, continuaba en los campos del Pelennor, con el habitual olor a sangre, sudor y fuego y el sonido de metal contra metal, gritos de batalla y gemidos de hombres y bestias moribundos que jalonan la infancia de todo commarcario.

Destinado a la escolta privada del rey, Merry cabalgaba a la grupa de un jinete rohaniano segando las vidas de los guerreros orcos con su espada cuando, tras una triunfal y devastadora carga, el séquito del rey se vio súbitamente sorprendido por un horror que oscurecía a la vez luz y ánimo. Los caballos se encabritaron y se dispersaron tirando y arrastrando en su desquiciada carrera a la mayoría de los jinetes.

El rey yacía en el suelo aplastado por su propia montura, mientras sobre sus cuerpos descendía lentamente una negra y ominosa figura, un ser indescriptible con alas de murciélago que llevaba en sus lomos a un jinete no menos horrendo, pero reconocible: una nada con forma humana cubierta con una capa negra y tocada con una corona. El instintivo recelo de los commarcarios a cualquier cosa más etérea que el humo de pipa hizo que Merry se pegase un poco más al suelo intentado pasar desapercibido entre los cadáveres amontonados, con los músculos tensos como cuerdas de arco para saltar acero en mano en cuanto fuese necesario.

El espectro hizo posarse a su cabalgadura sobre el cadáver del caballo de Théoden y de su cara sin rostro salió una voz que helaba la sangre:

—El Señor de los Nazgûl se cobra su presa. Huye mientras puedas, escoria de Rohan, o conocerás los sufrimientos más terribles de los infiernos a los que te llevaré si te enfrentas a mí.

—¡Ja! —El silbante sonido de una acero al desenvainarse acompañó a la desafiante voz— ¡Ahorra saliva, perro mordorio! ¡La necesitarás para saborear el filo de mi espada cuando atraviese tu negra garganta!

Sólo entonces se dio cuenta Merry de que el jinete con el que cabalgaba también había sobrevivido a la caída, y allí estaba plantando cara al espectro, escudo y espada en ristre. El joven hobbit no pudo menos que admirar el valor del jinete, como solo un guerrero curtido en mil batallas puede admirarlo.

La respuesta del rohaniano sorprendió en gran medida al Nazgûl, quien saliendo de su estupor y con gran ira respondió:

—¡Sabe pues, oh infeliz, que ningún hombre viviente puede dañar al Señor de los...! —La frase fue interrumpida por una cantarina risa. El jinete, apoyando el puño de la espada en la cadera, se quitó el yelmo dejando a la vista una exuberante melena y unos rasgos tan bellos que devaluarían inmediatamente a la ramera más lujosa de Bree la Perversa.

—¡Sabe pues, oh infeliz —se mofó la atractiva amazona—, que no será un hombre quien disperse tus invisibles tripas por el campo de batalla!

Merry sintió que un fuego salvaje y primigenio renacía en su interior al reconocer a Red Eowyn. A su memoria acudió la imagen de La Diablesa de la Espada con su ceñida y breve cota de mallas de dos piezas dejándolo tirado en una taberna de Esgaroth sin dinero ni botín. Sin apenas pensarlo decidió que no podía dejar morir a la doncella guerrera hasta que hubiesen solucionado sus diferencias y con la discreción propia de los commarcarios se deslizó hacia la retaguardia del demoníaco enemigo común.

Red Eowyn mantenía un duelo de miradas con el espectro del anillo cuando captó un movimiento del talón de éste. Azuzada por su amo la bestia alada acometió con una boca llena de dientes, pero con los reflejos de una pantera, la guerrera rohaniana esquivó el ataque y con un elegante molinete asestó un tajo con el que cercenó la cabeza de la repugnante criatura. Con la guardia baja tras el movimiento, apenas pudo Red Eowyn interponer el escudo entre su cabeza y la enorme maza negra con la que la atacó el espectro. El impacto fue tal que el escudo se hizo trizas y la Diablesa aterrizó dos metros más atrás con el brazo roto. Ya se disponía el Nazgûl a rematarla cuando un grito helado surgió de donde debería haber una boca y dejando caer la maza, se arrodilló ante Eowyn con los tendones de las rodillas seccionados. A su espalda surgió ceñudo Merry con la espada de buen acero oesternessiano burbujeando y disolviéndose en humo. Un instante después, otra espada cumplía lo prometido clavándose en el hueco de la fantasmal cabeza hasta la empuñadura.

La batalla continuó durante horas en la llanura del Pelennor, pero a un par de figuras a caballo eso ya no le importaba. Merry estaba harto de las guerras de los señores del sur, había llegado el momento de probar suerte en el salvaje norte. Seguramente por la corona del Señor de los Nazgûl podría conseguir unos días de hierba para pipa y descanso en Rivendel... ¡si su maltrecha y bella compañera no se la robaba antes!


Robert E. Howard: Alas negras sobre Pelennor
Cortesía de Samuel Martínez




GANDALF: ¡Escuchadme bien, panda de sebosos ventrudos: en este puto cuartel, el Señor Oscuro soy yo! ¡Yo soy el puto amo, del puto anillo, del Isildur de los cojones! ¡Olvidaos de toda esa mierda del Peregrino Gris que cuentan las maricas gondorianas!¡Yo soy el Jodido Mago!¡A mí Eru me la pone dura, tan dura que me podría follar a todas vuestras gordas madres antes del segundo desayuno y dejarles el coño tan pulido como el marco de la puerta de vuestro puto agujero hobbit!¡Aquí vuestras mamaítas no van a venir a traeros pastelitos de semillas y a sonaros los mocos!¡Y si a una de ellas se le ocurriese aparecer por la puerta, me la pasaría por la piedra delante de todos vosotros hasta que me quedase el capullo más brillante que un silmaril! ¡Tocadme las pelotas y os dejaré el culo como el anillo de humo por donde colé el Titanic! ¿De qué te ríes tú, cormacolindo?¿De dónde eres tú, cabronazo?

FRODO: ¡De la Comarca, Señor!

GANDALF: ¡De la Comarca sólo salen dos cosas: hobbits y maricones!¡No te veo pelo en los pies, locaza! ¿Te gusta mamar pollas, mariconazo?


(Ante la pregunta, Sam da un respingo y murmura algo de manera entrecortada, pero se interrumpe abruptamente y se pone a silbar una popular tonada élfica mirando hacia Delagua)


Stanley Kubrik: La chaqueta de mithril
Cortesía de David Fernández



Ante Frodo se extendían las vastas y abominables tierras de Mordor, rebosantes de abyectas y espeluznantes criaturas dedicadas a las más execrables actividades. En el horizonte, proyectábase la horripilante torre de Barad-Dûr, creada por entidades venidas de más allá de las edades, y construida con espiras y ángulos imposibles cuya sola visión inspiraba el más profundo terror en las mentes de los hobbits. Semejante panorama de vastedad y desolación amenazaba con destruir las exiguas esperanzas de los desdichados aventureros que se internaban en este erial, pero que animados
por una voluntad que iba más allá de lo que pudiera esperarse de tan frágiles criaturas continuaron su camino.


La compañía, guiada por el despreciable y obsceno Gollum, cuyos ojos glaucos
miraban con maldad a sus aterrados compañeros, se internó en una oscura y colosal gruta, en cuya inmensidad se escuchaban fantasmagóricos y pavorosos sonidos. El terror atenazaba a los medianos, que comenzaron a temblar por la anticipación del horror que intuían se cernía sobre ellos. De las tinieblas surgió ante sus asombrados ojos una criatura aberrante, abotargada, estrafalaria, repugnante, infernal y nauseabunda. Los últimos hilos de cordura que ataban a los hobbits a la realidad se desvanecieron, mientras el quejumbroso Smeagol gritaba triunfante:

—¡Ia! Ella-Laraña! ¡La Araña Negra con un Millar de Retoños!


Howard Philip Lovecraft: En las montañas de Mordor
Parte de sus relatos sobre los Mitos de Sauron
Cortesía de Fernando Moreiras




—Digades, filha, mia elfa velida:
porque tardastes na fontana fría?
Amores cun humano hei.


Digades, filha, mia elfa louçana:
porque tardastes na fría fontana?
Amores cun humano hei.


—Tardei, élfica madre, na fontana
hobbits da comarca a augua volvían.
Amores cun humano hei.


Tardei, mia madre, na fría fontana,
hobbits da comarca volvían a augua.
Amores cun humano hei.


—Mentir, mia elfa, mentir por humano!
Nunca vi hobbit que volvess'o río.
Amores cun humano hei.


Mentir, mia filha, mentir por fulano!
Nunca vi hobbit que volvess'o alto.
Amores cun humano hei.


Pero Meogo: Cantiga de humano

Cortesía de Eva Almazán



Son Frodino, un hobbit de aldea. Coma quen di, un ninguén. Ando descalzo todo o ano. O po dos camiños non me fai alancar.

Xosé Neira Vilas: Memorias dun hobbit labrego
Cortesía de Eva Almazán




Hasta los cojones. Hasta los cojones me tiene la monserga del anillito. A semejantes extremos hemos llegado en esta Tierramediadetodoacién. Ya no quedan orcos escamosos, de los de toda la vida, con las pelotas bien puestas. Como mi compadre Orcurro el Truja, un orcurrante, el tío, con su inseparable copa de brandy Sauronano (es cosa de orcos) en la mano y su palillo verdoso en la boca, apoyado en la barra, silbando a las orcas de marca mayor que pasan, qué buena estás, MariOrquita. No, ahora no hay más que elfitos perdoneusté, con sus medias melenitas y sus trencitas afro, y las orejas con más picos que la madre que los parió, ay, que se me rompe la puntita de la flechita. Qué mariconada.

Arturo Pérez-Reverte



ELROND: Veo por esta carta que Frodo Bolsón de Bolsón Cerrado llega esta noche a Rivendel...

William Shakespeare: Mucho ruido y pocos hobbits



Me llamo Frodo Bolsón, y soy detective privado. Todo empezó una hermosa mañana de primavera. Yo descansaba cómodamente en mi despacho de Bolsón Cerrado, con los pies sobre la mesa y el humo de la pipa quemando el aire. Nada hacía pensar que pudiera ser un día distinto a cualquier otro en La Comarca...


Sam Spade: El caso del anillo de oro



Eowyn sintió cómo su corazón se aceleraba al ver a Aragorn. Su pelo azabache ondeaba al viento en la llanura, y sus penetrantes ojos captaron su mirada como por arte de magia. Su porte era auténticamente majestuoso, en verdad era un príncipe. Por su mente empezaron a pasar pensamientos prohibidos, cosas que le estaban prohibidas a la sobrina del rey, pero que estaban permitidas para una doncella escudera libre. Sabía que había nacido para amar a ese montazar.


Danielle Steele: La marca del Rey



A ring is a ring is a ring is a ring.

Gertrude Stein



[Imagen en negro]

VOZ EN OFF: ¿Sabes de qué va la Balada de Beren y Luthien?...

[En la cantina de Cirith Ungol, una patrulla desayuna mientras la cámara hace un travelling alrededor de la mesa. La voz en off pertenece al orco marrón.]

ORCO MARRON: ...va de una elfa que se enamora de un humano con una polla muy grande, toda la balada va sobre las pollas grandes.

ORCO RUBIO: No señor, va de una elfa que encuentra el amor verdadero en un mortal.

ORCO MARRON: Eso cuéntaselo a tu padre...

SHAGRAT (hojeando un pergamino muy ajado): ¿Orka? ¿Quién cojones es Orka?

ORCO MARRON: ...Beren y Luthien no va de eso. Esa es la historia de Arwen y Aragorn, está claro.

ORCO NARANJA: ¿De qué va la de Arwen y Aragorn?

SNAGA: ¿Qué cuál es? Fue un hito en la historia de Gondor. ¿No escuchas los 40 Espectrales?

ORCO NARANJA: Oye, no he dicho que no la conozca, he dicho que no sé de que va, no soy un seguidor de las Crónicas de Gondor.

ORCO BLANCO: Yo paso de Gondor.

ORCO AZUL: A mi me gustaban al principio, pero en cuanto empezaron con los senescales lo dejé.

ORCO MARRON: Con todo esto me habéis hecho perder el hilo de lo que estaba diciendo. ¿Qué era?

SHAGRAT: ¡Ah! Orka, esa Uruk Hai... ¿cual era su mote?

ORCO BLANCO (a Shagrat): ¿Qué es eso?

SHAGRAT (sin despegar la vista del pergamino): Una lista de tropas que tenía en una vieja armadura... ¿Cómo se llamaba?...

ORCO MARRON: ¿Qué cojones estaba diciendo?

ORCO ROSA: Que Arwen y Aragorn va del amor verdadero y que Beren y Luthien va de pollas grandes.

ORCO MARRON: Mirad, Beren y Luthien va de una elfa que es una máquina de follar, solo piensa en follar, por la mañana, por la tarde, polla, polla, polla, polla... ¡Polla!! Pero entonces se encuentra con un humano que tiene un pollón y ZAS!! El tío es como un enano en una montaña, cava minas. Y la elfa siente algo que no había sentido nunca.... ¡Dolor!

SHAGRAT (a lo suyo): ¿Toska? ¿Orka la Toska?

ORCO MARRON: ... y no debería porque tras varia Edades de follar ya debería tener la mina bien abierta, pero le duele...

SHAGRAT: ¿Fácil? ¿Orka la Fácil?

ORCO BLANCO (quitándole el pergamino): ¡¡Dame esa puta mierda!! Estoy hasta los huevos de oírte, te la daré después. Llevas 15 minutos dándome la vara... Orka, ¿Orka? ¿Orka? Orka la Toska ¿Orka la Toska? ¿Orka la Toska? Orka la Fácil... Tengo la polla de Luthien en la oreja izquierda y a la Uruk Hai Orka en la derecha...

SHAGRAT: ¡¡Dámelo!!

ORCO RUBIO: Eh Shagrat ¿quieres que le clave una espada?

ORCO BLANCO: Oye tú, a mi nadie me clava una espada sin mi permiso.

SHAGRAT (levantándose): ¡¡Basta!! Yo me ocupo de la cuenta y vosotros de la propina. Es una pieza de cobre por cabeza, y cuando vuelva quiero mi pergamino.

(Todos ponen menos el orco rosa)

SNAGA: ¡Eh! ¿Tú no pones?

ORCO ROSA: No, nunca lo hago. Si se lo mereciese le daría un extra, pero solo está haciendo su trabajo.

ORCO AZUL: ¿Qué querías, que te la chupara debajo de la mesa?

SNAGA: ¡Oye, yo por eso daría una buena propina!

ORCO ROSA: Mira, he pedido aguardiente orco y solo me ha llenado el cuenco tres veces, cuando pido aguardiente quiero que me llenen el cuenco seis veces.

ORCO AZUL: ¿No te preocupa que necesiten de tu propina para vivir?

ORCO BLANCO: Servir en tabernas es lo único que pueden hacer para ganarse la carne, y la base del sueldo son las propinas.

ORCO ROSA: Que se jodan. Si no les llega que cambien de trabajo.

SNAGA: Joder, ni un puto enano tendría huevos de decir algo así.

SHAGRAT (llegando): Bueno tíos, es hora de abrirse... eh aquí falta una pieza ¿Quién no ha puesto?

ORCO NARANJA: El orco rosa, nunca lo hace.

SHAGRAT: ¿Que nunca lo hace? Vamos maldito tacaño, te he invitado al desayuno, suelta una pieza y vámonos, que tenemos que tomar Osgiliath.

ORCO ROSA: Bueno, está bien, pero porque me has invitado.

(Mientras salen, un bardo orco toca con su tambor una marcha militar muy pegadiza de la segunda Edad)


Quentin Tarantino: Reservoir Orcs
Cortesía de Samuel Martínez




GIMLI: Así que esta noche vas a salir con Arwen, la mujer de Aragorn.

LEGOLAS: No voy a salir con su mujer, sólo la voy a acompañar.

G: ¿Te acuerdas de Haldir de Lothlorien, uno medio elfo medio rohirrim?

L: ¿Ese al que llamaban Haldir Rocky Horror? ¿Uno con un problema de pluma?

G: El mismo. Aragorn hizo que lo tirasen de Amon Sûl. Ahora tiene dificultades para hablar. Él también acompañó a Arwen.

L: ¿Pero qué hizo, se la tiró?

G: No, le hizo un masaje en los pies. Tío, por un puto masaje en los pies no se despeña a un tío de una atalaya. Yo mismo le hago masajes en los pies a mi madre.

L: Es el gesto lo que cuenta, el ponerle las manos encima a la nueva mujer del Rey de Gondor. No es lo mismo que lamerle las orejas, pero es malo.

G: Oye, pavo, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Puede que tu método para dar masajes en los pies sea muy distinto del mío, pero entre tocarle los pies a la dama y meterle tu lengua en sus orificios corporales hay un trecho.

L: ¿Le has hecho alguna vez un masaje en los pies a alguien?

G: Tío, yo he hecho cientos de masajes en los pies, soy el puto amo de los pies.

L: ¿Le has dado alguna vez un masaje en los pies a un elfo?

G: Que te den.

L: ¿Me harías un masaje en los pies a mí?

G: Puto enfermo.


Quentin Tarantino: Ring Fiction
Cortesía de Fernando Moreiras




(Elrond toma la botella de bourbon y se encamina hacia el foro blasfemando. En la escena quedan Arwen y Aragorn. Ella reposa sobre la cama blanca, mientras él se sirve otra copa en la cómoda. La muleta reposa contra el silloncito).

—Estel, querido, esto no puede seguir así, tienes que olvidar lo que pasó aquella noche, ¡por todos los santos! (Se sujeta las sienes con los puños cerrados en un acto de constricción desesperada).

(Aragorn continúa sirviéndose lentamente, y en silencio, estudiando sus palabras).

—¿Es que no lo puedes entender, maldita sea? ¡Él te quería tanto!

(Aragorn mantiene el vaso en su mano y mira cómo el hielo gira lentamente, tintineando).

—¡Él te amaba, Estel! ¡Faramir te amaba! (Tiende los brazos hacia él).

(Aragorn tira el vaso al suelo que estalla en añicos y se gira con ira absoluta).

—¡No oses pronunciar su nombre, mujer! ¡No oses!

(Arwen se tapa los ojos en sollozos, pero se recompone y adopta una actitud felina, mirándole desafiante).

—No eres capaz de decir su nombre siquiera. Admítelo. Admite que eso te corroe la mente y por eso me acusas de no poder engendrar hijos. Has puesto a todos en mi contra y todo por que tú le amabas a él más que a mí, y ahora te culpas porque está muerto. ¡Sí, muerto! ¡Y ya jamás sabrás si hubieses sido más feliz con él!

(Aragorn se acerca a Arwen, cojeando furiosamente, y golpea su cara en un sonoro bofetón que la tira de la cama al suelo. Ella permanece aturdida sujetándose la mejilla. Él se encamina hacia la puerta).

—No me volverás a hablar así nunca más, gata.

(Arwen se pone de pie, se estira el vestido y camina tambaleándose a ponerse una copa, la bebe de un trago y reflexiona. Su moral se derrumba y tiemblan sus rodillas, abre las contras de la ventana en frente de ella y grita).

- ¡Esteeeeeeeeeeeeeeeeeel! ¡¡¡Esteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeel!!!


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Re: El Señor de las Versiones

Notapor Sedgwick » Sab, 06 Nov 2010, 18:36

:lol:
Excelente. Muy buenos los de Tenesee Williams, Bukowski, Agata Christie. El de Howard es genial!
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Re: El Señor de las Versiones

Notapor CocoGata » Dom, 07 Nov 2010, 17:42

Me ha encantado, sobre todo el de Dune, se ve que tengo debilidad, jejejeje. Realmente merece ser releido y guardado.
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Re: El Señor de las Versiones

Notapor reshpu » Lun, 08 Nov 2010, 02:02

buenísimo, especialmente el de En las montañas de Mordor, jajaja
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