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(Evento 2) Asalto al FBI (Sara y Tyler)

NotaPublicado: Vie, 26 Feb 2016, 05:13
por Kildan
Viernes por la mañana

El cortante y frío viento que recorre las calles de Paradise City, no tan solo incomoda a los pobres incautos que a aquellas horas de la mañana deben de estar fuera de sus hogares, si no que además arrastra consigo las inagotables gotas de lluvia que son arrojadas desde las oscuras nubes que gobiernan en el cielo.

La mañana tal y como empieza a ser habitual durante los últimos días, se presenta con un cielo gris y apagado, que apenas permite que la luz del sol descienda sobre las calles. Las cuales se muestran atestadas por los habitantes de la ciudad, quienes ansiosos por escapar del mal tiempo, corretean con prisa hacia sus destinos. Las carreteras no presentan un panorama muchísimo mejor, pues los atascos son constantes en los cruces principales y el irritante sonido de los claxon se alza dando los buenos días a los afortunados que aún se encuentran abrigados bajo las mantas de sus camas.

El gran reloj de la torre que se alza frente a las oficinas del FBI apenas marca las nueve y media de la mañana, cuando un estruendo, seguido de una bola de fuego y una lluvia de escombros y cristales, sacude la ciudad. Aterrados y confundidos, los habitantes de Paradise City se encogen y alzan la mirada rezando en deidades en las que no creen para que aquello no sea la antesala a su final.

El sonido del metal contra el metal no tarda en acompañar al de la explosión, cuando los coches, guiados por los confundidos y asustados conductores, chocan unos contra otros originando un mayor caos y miedo en la ciudad. Nadie está seguro de lo que sucede, pero decenas de transeúntes alzan las manos hacia la décima planta del edificio del FBI. El enorme boquete que se ha abierto bajo el poder de la explosión, deja entrever no solo una pequeña parte de la décima planta, si no también parte de la novena. Humo, polvo, escritorios destrozados, cables eléctricos destrozados de los que salen pequeñas chispas y alguna que otra llama, es todo cuanto se puede ver desde las calles.

Los alaridos de los heridos, no tardan en alzarse entre los gritos de pánico. La gran mayoría tan solo han recibido pequeños cortes. Pero otros en cambio, se encuentran en un estado precario de salud. Si no son atendidos con rapidez, al menos tres personas podrían morir. Dos de ellas alcanzadas por los escombros y cristales de la explosión y una tercera debido al atropello sufrido por culpa de una asustadiza conductora, la cual no fue capaz de reaccionar ante la imponente explosión.

Pero el miedo y la desesperación están lejos de terminar, pues la explosión tan solo es la señal que abre las puertas del infierno. Surgidas de la nada, dos grandes furgonetas de color negro cruzan la calle y avanzan por la acera evitando así los atascos, provocando que los transeúntes deban apartarse de su camino para salvar la vida. Los vehículos no aminoran en ningún momento y tan solo se detienen al llegar ante las puertas de las oficinas del FBI.

Para cuando llegan, varios agentes con las armas en mano se disponen a recibir a los intrusos. Pero nada más detenerse ambas furgonetas, varios hombres armados con fusiles de asalto y ataviados con equipo y blindaje táctico, salen de los vehículos abriendo fuego. La velocidad de reacción de los atacantesy en especial, la frialdad y brutalidad con la que actúan, superan con creces a las aturdidas fuerzas del FBI, por lo que no tardan más que unos instantes en incapacitarlos. La escena es digna de ser rememorada en un videojuego del Call Of Duty, pues los asaltantes bien podrían haber surgido del videojuego debido a la apariencia que les otorga el equipamiento que portan.

Sin detenerse ni un solo segundo, dos docenas de hombres fuertemente armados se adentran en la sede del FBI, disparando e inmovilizando a cuantos agentes federales se cruzan en su camino. En el exterior, el miedo se ha propagado como la pólvora. Los gritos, tanto de miedo como de auxilio se extienden por toda la calle. El atentado, los accidentes de coche y el asalto por parte de aquella unidad militar, ha logrado sembrar la semilla del pánico. La cual no tarda en germinar.

A lo lejos, se escucha el sonido de sirenas. Una ambulancia no anda lejos, al igual que un coche patrulla conducido por un veterano agente, cuya forma física no es especialmente buena.

Dentro del edificio se escuchan gritos y sonidos de disparos, de decenas de disparos...